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AlTajo número de abril

Enlace al PDF: http://www.cnt-aranjuez.org/wp-content/uploads/2020/04/AlTajo19abril.pdf

Presentación

Publicamos este número, no sin dificultades, inmersos en la dura realidad de una grave crisis sanitaria, social y económica por la pandemia del coronavirus a escala global. Una situación que ha puesto a la clase obrera en la más absoluta de las indefensiones. Miles de trabajadores y trabajadoras están siendo despedidas (sin contar los ERTE, en marzo se han producido 300.000 nuevos parados y paradas), no pueden pagar la vivienda o no disponen de los recursos para cubrir sus necesidades más básicas. Y también miles de personas están siendo obligadas a trabajar en condiciones infames, sin apenas medidas de seguridad y equipos de protección, con lo que arriesgan su salud y la de su entorno.

La pandemia y sus consecuencias, además, no afectan a todo el mundo por igual, sino que muestran una clara dimensión de clase. Sus efectos no son los mismos sobre los ricos, o sobre la clase media, que sobre las clases populares. Y vemos cómo las pruebas y tratamientos médicos se dispensan también con arreglo a criterios inequívocamente clasistas.

Ahora observamos con toda su crudeza las consecuencias del progresivo desmantelamiento de la sanidad pública y la irrupción de las empresas privadas en el sector de la sanidad: en esta situación dramática que atravesamos, el sistema sanitario público se encuentra desbordado para hacer frente a la pandemia.

En este número, incluimos en  las primeras páginas diferentes textos sobre esta situación de incertidumbre que estamos viviendo: Ante la pandemia represiva: un borrador de tareas modestas y asequibles, para anarquistas, libertarias/os y afines, de Carlos Taibo; la creación de la red Apoyo Mutuo de Aranjuez, y Medidas sanitarias, sociales y económicas ante la actual situación, del Comité Regional de Centro de CNT.

Cambiando de tercio, les sigue un texto titulado Consenso y pacificación, que ahonda en el debate que se produjo en su momento sobre si la Constitución contiene o no ideología.

Sobre la figura de Miguel de Unamuno publicamos tres trabajos: Miguel de Unamuno y el materialismo dialéctico; Unamuno no fue a la guerra (Yosi), Miguel de Unamuno, un intelectual contradictorio (Fernando Barbero) y Mientras dure la guerra (Juan Andrés)

Después le sigue un comentario de Blenamiboà sobre el libro de Amartya Sen Desigualdad de género. La misoginia como problema de salud pública.

Y una semblanza del psiquiatra italiano Franco Basaglia, autor del ensayo La institución negada (D. M.) Cerramos el número con el poema de Caterina Gogu Nuestra vida son puñaladas, traducido del griego y comentado por Yanis Merinakis.                                            

Ante la pandemia represiva: un borrador de tareas, modestas y asequibles, para anarquistas, libertarias/os y afines

Protesta de familiares de presxs en Italia

Carlos Taibo

Permitan un gesto de ingenuidad extrema que asume la forma de una reflexión en voz alta. Pongo aquí por escrito las que entiendo que son, en un momento crítico, las tareas mayores de las gentes que siguen creyendo en la autogestión, en la acción directa y en el apoyo mutuo. Me trae sin cuidado si esas gentes son anarquistas o no lo son. Lo he dicho mil veces: lo que importan son las conductas, y no los emperifollamientos ideológicos. Desde una conciencia clara -la de que no podemos seguir así, desunidas y, a menudo, enfrentadas-, parto de la firme convicción de que somos más, muchas más, de lo que parece y de que tenemos que movernos con urgencia. A duras penas puede ser casual que un buen número de las iniciativas de solidaridad que han cobrado cuerpo en las últimas semanas hayan decidido autodescribirse como grupos de apoyo mutuo, como si un flujo subterráneo de la historia reapareciese ahora y empezase a correr, suelto, por ahí. Si este texto les sirve de algo, mejor; si no, deséchenlo. O, por qué no, reescríbanlo a su gusto. Y pongan manos a la tarea, a las tareas. Que desde mi punto de vista son las que siguen.

Protesta de familiares de presxs en Italia

1. Ejercer la solidaridad desnuda desarrollada desde abajo, y no la forzada y, en último término, interesada. Agradecer sin dobleces la conducta de quienes despliegan, con coraje, la primera.

2. Repensar el papel de viejitos y viejitas en nuestros movimientos e iniciativas, otorgarles el relieve que merecen -que han merecido siempre- y aprovechar su sabiduría, su entrega y su tiempo.

3. Pelear por la definitiva liberación de las mujeres y, al respecto, denunciar las limitaciones del feminismo de Estado y de las reivindicaciones que poco más reclaman que una igualitaria integración de aquéllas en la sociedad creada por los hombres. La sociedad patriarcal parece llamada a pervivir aun en presencia de la deseable, y hoy por hoy lejana, igualdad formal entre mujeres y hombres.

4. Ante agresiones y recortes que se van a convertir en el pan nuestro de cada día, recuperar las prácticas del sindicalismo de combate y, entre ellas, en lugar principal, la acción directa. Extender la autogestión y, frente al capital, el mercado y sus miserias, abrir espacios autónomos desmercantilizados y despatriarcalizados. Tener presente, en suma, la dimensión de clase de la crisis. La situación no es la misma para las elites políticas y económicas, para las clases medias y para las clases populares, a menudo condenadas a trabajar en condiciones infames. Es mentira que a todas nos toque por igual. Y sería un error aceptar que, para resolver problemas muy graves, se impone acatar retrocesos sin cuento.

5. Defender lo público, pero agregar detrás de ese sustantivo los adjetivos autogestionado y socializado, no vaya a ser que, como tantas veces, lo público oculte el relieve de lamentables intereses privados y se emplee contra las gentes que son sus teóricas beneficiarias.

6. Denunciar el espectáculo de la política al uso, de la lógica de la representación, de los juegos de los partidos y de los intereses subterráneos a los que obedecen. Al tiempo, contestar frontalmente la jerarquía y la militarización, denunciar la represión (la de antaño y la de hoy) y repudiar el sinfín de formas de servidumbre voluntaria que se revelan entre nosotras en estas horas. Tomar conciencia, en suma, de que estamos ante lo que parece un ensayo general de contrainsurgencia -sin insurgencia previa, claro- que bien puede ser empleado, desde los estamentos de poder, para perfilar medidas futuras en la línea del ecofascismo.

7. Subrayar que la pandemia contemporánea ha tenido el efecto, llamativo, de reducir la contaminación planetaria, de rebajar sensiblemente el concurso de los combustibles fósiles y de imponer un freno salvaje a la turistificación. Evitar que lo que se nos ha dado de forma sobrevenida e imprevista se diluya en la nada. Propiciar, por añadidura, una contestación franca del crecimiento económico y sus tributos, y, para ello, apostar por el decrecimiento, la rerruralización, la destecnologización, la despatriarcalización, la descolonización y la descomplejización de nuestras sociedades. No tanto para esquivar el colapso que viene como para aprender a adaptarnos al escenario correspondiente.

8. Recordar una y otra vez, y actuar en consecuencia, que el escenario de muchos de los países del Sur es infinitamente más calamitoso que el nuestro, y subrayar cómo en esos países muere todos los años, por enfermedades curables, mucha más gente que la que lo hace de resultas del coronavirus. Extraer, en paralelo, las consecuencias que se derivan del carácter internacional de la pandemia, y contestar, también de manera internacional, el escenario que los poderes de siempre nos proponen.

9. Recelar de la idea de que el capital todo lo puede y todo lo controla. Ese capital sigue siendo, en muchos lugares y momentos, aberrantemente cortoplacista, poco más le preocupa que la obtención del beneficio más rápido y descarnado, y (ecofascismo aparte) carece en los hechos de un proyecto de futuro. Tomar nota, sin embargo, de lo que significa el ecofascismo recién mencionado, una perspectiva que se revela de manera incipiente y que entiende que en el planeta sobra gente, de tal manera que se trataría, en la versión más suave, de marginar a quienes sobran -esto ya lo hacen- y, en la más dura, de exterminarlos directamente.

10. Procurar el acercamiento entre las gentes que creen en la autogestión, en la democracia directa y en el apoyo mutuo. Aparcar al respecto sectarismos y debates estériles. Pensar antes en la gente común -más lúcida, a menudo, de lo que tendemos a creer- que en nuestros círculos de iniciados, y emplear al efecto los resortes que ofrecen el apoyo mutuo y la empatía con quienes sufren.

Fácil, ¿verdad?

Dos poemas de Fernando Barbero

Extendiendo la Idea

Los ríos y el bosque los veían pasar

de pueblo en pueblo alimentando la rebeldía

Viajaban a pie o en carretas amigas

Entraban en el bar de la plaza y pedían una jarra

Buscaban los corazones indignados y revolucionarios

y les hablaban de la Idea, de que eran muchos,

de la red solidaria, del mundo que llevamos dentro,

de la lucha que se avecinaba y de la justicia social

Les mostraba filósofos, libros, cultura, otra historia

Exponían las luchas de otros que eran como ellos

Y la anarquía germinaba en tierra fértil

extendiéndose por la Andalucía jornalera

Cuando partían, en el pueblo quedaba un grupo

reducido en número y poderoso en intención:

eran maestros, albañiles o labradores

y dejaban sus casas para conseguir todo 

A veces, vencemos

Nos lo dicen quienes interpretan la historia:

«jamás vencisteis y nunca ganaréis»

Nos llegan las voces y los ecos

de las batallas, de los combates

Y en los libros mencionan los nombres

de los vencedores: generales, reyes y políticos

Nunca hablan de quienes lucharon

y murieron: soldados y trabajadores

Jamás hablan de quienes empuñaron las armas

e hicieron justicia con los tiranos

Nunca hablan de Angiolillo, Mateu o Durruti

Los nombres que se silencian atruenan

con sus inmortales sílabas

Quico Sabaté, Facerías, Pasos Largos, Ascaso…

pusieron sus pies en el suelo y 

asestaron golpe tras golpe al poder

Laureano Cerrada, Mateo Morral, Pardiñas, Ponzán…

Vuestro recuerdo ha llegado hasta mí

una noche frente a una montaña    

y yo lo transmito para que prosiga

sin detenerse, sin descanso

La religión de los «expertos». La teología tras la técnica

El pasado 6 de abril, Luis Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal Española, consideraba «imprescindible» un «nuevo pacto social» y una reforma del «Estado del bienestar» («Orientaciones de la Conferencia Episcopal ante las elecciones generales», zenit.org, 7 de noviembre de 2019). Es en nuestra existencia como grupo, como en los antiguos teóricos del pactismo social, donde se encontraría el argumento para limitar la libertad individual en beneficio del «pacto», expresión que se usa sin que parezca oportuno aclarar que un acuerdo, por definición, sólo puede darse entre partes previamente en desacuerdo o en conflicto. Se hace necesario señalar, así, que si todos tuviésemos intereses comunes no se haría necesaria negociación alguna, y menos aún una en la que, con paternalismo, una élite «cualificada» se arroga nuestra tutela. En el caso que nos plantea Argüello, no cabe pensar otra cosa que la teología vendría a velar por el «buen» uso de una tecnocracia que, desde la apelación al «bien común», y al margen de «intereses corporativos o ideologizados», nos dice, no sólo no se censura realmente, sino que se hace necesaria.

Unos meses antes, el papa Francisco, quien defiende que «el cristianismo no es de derecha ni de izquierda» (religiondigital.org, 15 de abril de 2019), expuso en su encíclica Laudato si: «La tecnología ha remediado innumerables males […]. Pero […] [da] un tremendo poder […] a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad […]. Tanto poder […] es tremendamente riesgoso que resida en una pequeña parte de la humanidad». De sus palabras se infiere, sin embargo, que los jefes religiosos, otra «pequeña parte de la humanidad», parecen ser los únicos autorizados para administrar un poder al que describe asegurando: «Los objetos producto de la técnica no son neutros, porque […] orientan las posibilidades sociales en la línea de los intereses de determinados grupos de poder. Ciertas elecciones, que parecen puramente instrumentales, en realidad son elecciones acerca de la vida social que se quiere desarrollar». Y, citando El ocaso de la Edad Moderna de Romano Guardini, añade: «El hombre que posee la técnica sabe que, en el fondo, ésta no se dirige ni a la utilidad ni al bienestar, sino al dominio». 

Según Roberto López Torrijos (La tecnocracia franquista: un derivado específico de la tradición neorreaccionaria española y europea, IV Congreso sobre Estudio de Historia, Derecho e Instituciones, 2016), la «cohesión orgánica de la sociedad», justificada por la creencia en un «organicismo social», «es un rasgo común de todos los movimientos destinados a superar la modernidad. Pero lo característico del organicismo español […] no es su inspiración en la ciencia biológica ni en las teorías evolutivas, sino en la teología, convertida en una ciencia social que entendía el colectivo en clave corporativa, para concluir la teologización de la sociedad […]. Los neorreaccionarios monárquicos […] probarán […] imponer y desarrollar su ideario […] ocupando lugares clave en la Administración, el Gobierno, la banca, las finanzas, la empresa y las universidades […]. [Y], a partir de la aceptación del pleno valor doctrinal de la modernidad, tocaba reelaborar ésta […] las perspectivas subjetivas, con sus corolarios de autonomía, no debían poner en peligro el sistema con sus propuestas humanas […]. Superada y vencida la anti-España (por medios que cualquier observador imparcial habría definido como inmorales) […], comenzaba la hora de los especialistas, es decir, los “tecnócratas”».

El problema de España

En los años cuarenta, falangistas orteguianos y miembros del Opus Dei influidos por Ramiro de Maeztu, «se enzarzaron en el debate intelectual conocido como El Problema de España […]. Con todo, existía una gran coincidencia de fondo […], la cuestión de las élites, aquellos hombres eficaces cuyas cualidades personales, según Ortega, condensarían las potencialidades de la nación. Esta propuesta orteguiana se asemejaba enormemente, cambiando “masa vertebrada” por “objeto social orgánico”, a los esfuerzos de Maeztu en favor de la configuración en España de lo que él denominaba una burguesía responsable […]. Frente al subjetivismo de la modernidad, que se entendía como expresión individual de las distintas esferas autónomas cuyos intereses colisionaban entre sí y conducían al desgarro social, la derecha neorreaccionaria reafirmaba la interdependencia de todos los actores terrenales, con el objetivo de que la armonía rigiera la imitación humana de Dios. Para este objetivo resultaban vitales, por tanto, unas instituciones teológicamente fundadas […] que podían permitir la posibilidad de volcar el organismo divino en una organización social […] basada en […] la doctrina organicista del Derecho Público Cristiano». De acuerdo con el tecnócrata Calvo Serer, «España había resultado vencedora en esta lucha gracias a su victoria en la Guerra Civil» (La tecnocracia franquista…).

En opinión de Pedro Carlos González Cuevas (La derecha tecnocrática, Historia y Política, 2007), hacia 1948 existía ya «una nueva elite político-intelectual» que bebía de la revista Acción Española, que dirigiera Ramiro de Maeztu, y la editorial Rialp, pero que ahora tenía acceso a otros muchos medios, como ABC, desde los que publicitaban una «monarquía tradicional y corporativa», a la que legitimaban situándola «por encima de las discordias civiles y de los intereses sociales y económicos en liza». La mayoría de sus principales figuras tenían relación con el Opus Dei, «muy influyente en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas». La teología de José María Escrivá de Balaguer, condicionada por la ideología reflejada en Acción Española, se encontraba «en la línea de las teorías económicas de Ramiro de Maeztu». Éste, en El sentido reverencial del dinero, editado por Rialp, «propugnaba la simbiosis entre catolicismo y desarrollo económico capitalista».

Para López Torrijos, «Maeztu, sobreinterpretando a Max Weber, había justificado un espíritu moralmente superior al capitalismo: una ética católica del capitalismo […]. El desarrollo virtuoso de la labor profesional o comercial por cada uno de los miembros implicados de la comunidad se convertiría en una manera de obtener la realización personal, la gracia y la salvación». El sociólogo Amando de Miguel (Sociología del franquismo: análisis ideológico de los ministros del régimen, 1975) «había situado a los ministros tecnocráticos […] bajo la denominación de “integristas” […]. De esta manera, para López Torrijos, el régimen franquista puede ser visto como la resultante de la confluencia del nacionalismo antidemocrático y del fascismo». 

Por su parte, González Cuevas, que parece haber identificado una vía española a la tecnocracia, señala que las bases del Gobierno tecnocrático la hallaríamos en «la consolidación del llamado Estado benefactor, cuyos orígenes se encontraban en la Alemania de Bismarck, a partir de las ideas de Lorenz von Stein sobre la monarquía social […], un modelo de Estado autoritario del bienestar. Su objetivo era corregir por el sector público los efectos disfuncionales de la sociedad industrial competitiva […] por una necesidad histórica, dado que era preciso optar, ante la presión de las clases trabajadoras, entre reforma y revolución […]. Todo este proceso sociopolítico contribuyó decisivamente al ascenso de nuevas elites cuyo capital simbólico era el saber científico-técnico y, por ende, a nuevas formas de legitimación política […]. El Estado, al […] convertirse en agente interventor en la economía y entre los distintos grupos sociales, necesitaba una legitimación directa, que se satisfacía, según señalaría Jürgen Habermas, mediante la ideología tecnocrática […]. El Estado tendía a legitimarse por el progreso técnico» […]. Poco después aparecía en Norteamérica la denominada Tecnocracia, cuyos principales representantes eran Howard Scott y Thorstein Veblen […].

«En España, el jurista Eduardo Luis Llorens interpretaba la emergencia de la alternativa tecnocrática como “una de las manifestaciones de la mentalidad postbélica orientada hacia la dictadura” […]. Tras la II Guerra Mundial, las sociedades europeas experimentaron […] un crecimiento económico extraordinario y […] la consolidación del Estado benefactor, secularización religiosa, integración europea, unido a un cierto escepticismo hacia las utopías sociopolíticas, lo que llevó a hablar del fin de las ideologías; todo lo cual favoreció la consolidación de las elites tecnocráticas en el aparato estatal». Jean Meynaud, observó que «las cuestiones técnicas exigían conocimientos especulativos y, en consecuencia, la mayor parte de la población quedaba excluida de las decisiones políticas […]. Y es que la ideología tecnocrática exaltaba, ante todo, la competencia, la especialización y la racionalidad de las elites, de cara al logro del desarrollo económico; y ello implicaba cierta predilección por el autoritarismo, al estimar que los grandes cambios sólo pueden hacerse desde arriba».

Carl Schmitt, en su conferencia La época de las neutralizaciones y despolitizaciones (1929), confesó que albergaba «la utópica esperanza de lograr, a través de una nueva religión de la tecnicidad, “la despolitización absoluta”» (La derecha tecnocrática). «A partir de los años cincuenta, [se produjo] la controversia en torno al tema del fin de las ideologías, un tema planteado por Raymond Aron y Daniel Bell, en Francia y Estados unidos […]. Aron centró sus críticas en el marxismo como nueva “religión de reemplazo” o “religión secular”; y confiaba en que los efectos del llamado Estado benefactor eclipsaran su proyecto revolucionario y difundieran entre las masas el “escepticismo” político […]. Bell insistió en que las ideologías revolucionarias del siglo XIX habían entrado en crisis […]. En el Occidente capitalista existía, a su juicio, un acuerdo generalizado sobre cuestiones políticas como la aceptación del Estado social, el deseo de un poder descentralizado, el sistema de economía mixta y el pluralismo político. De ahí que la ideología se encontrara “intelectualmente desvitalizada”. Ni Aron ni Bell eran partidarios de la tecnocracia […]. (No obstante, en España estos planteamientos fueron interpretados como una apología directa de la tecnocracia)». 

El crepúsculo de las ideologías

En 1965, Fernández de la Mora publicó en la editorial Rialp El crepúsculo de las ideologías, donde presenta una «concepción del proceso histórico, tomada de Comte» en la que el «progreso es sinónimo de racionalización de los distintos aspectos de la vida social y política». Así, las consecuencias sociales y políticas del «desarrollo» […] eran altamente liberadoras: homogeneización de las clases sociales, pragmatismo, bienestar y moderación política y económica […]. Distinguía, en ese sentido, entre ideas e ideologías. Mientras las primeras eran proyectos elaborados por las elites intelectuales, las segundas podían ser definidas, siguiendo a Pareto, como «derivaciones», es decir, «mitos», «creencias», filosofías políticas «popularizadas», «patetizadas», «simplificadas» […]. De esta forma, se imponía […] la preeminencia de los «expertos» sobre los ideólogos; y la autoridad del ejecutivo sobre el legislativo […]. El tipo de Estado que se correspondía plenamente con la nueva «edad positiva» […]. Era lo que Fernández de la Mora denominaba «Estado de razón» […] desideologizado, donde las ideologías serían sustituidas por ideas «rigurosas y exactas».

Para José Vidal Beneyto, «sus tesis conducían al fascismo». Pablo Lucas Verdú le acusó de «paternalismo» y de querer resucitar el despotismo ilustrado. Gonzalo Puente Ojea denunció su intento de legitimar la «unidimensional» sociedad neocapitalista. Más positivo fue Salvador Paniker, para quien la obra significaba la aparición en la sociedad española de la «ética puritana del trabajo». Pérez Embid, editor de muchos de sus artículos, sin embargo, llegó a someter algún artículo de Fernández de la Mora a la consideración de teólogos por si pudieran incurrir en una herejía, pues «su racionalismo había llegado demasiado lejos» (La derecha tecnocrática).

Muchos de sus críticos compartían, sin embargo, su desconfianza, cuando no negación, en la posibilidad de que la mayoría de la población, en la que camparía el mito, tuviera la capacidad de acceder correctamente al conocimiento, asimilando y aplicando las ideas elaboradas por la cultura académica a sus vidas, mientras que, por otro lado, existiría una elite exclusiva que monopolizaría el acceso a la verdad, al logos. Una visión extremadamente compatible con el mantra repetido hasta la actualidad de que los culpables de la pobreza son los pobres. En un círculo vicioso de profecía autocumplida, una élite aboga por limitar la participación política que, convenientemente presentada como incapacidad, se convierte en la causa de la necesidad de limitar la política y del Gobierno de las élites.

Roberto López Torrijos, por su parte, asegura: «La desconfianza en las posibilidades utópicas y emancipadoras de la razón […] supone la especificidad más apreciable del pensamiento político conservador […]. De hecho, la denominación de “tecnócratas” con la que nos referimos habitualmente a la “familia franquista” […] soslaya el compromiso ideológico de sus miembros y las evidentes continuidades que los vinculaban con la tradición neorreaccionaria y monárquica […]. La denominación de “tecnocracia franquista” evoca semánticamente un presunto carácter aséptico y secular de los Gobiernos tardofranquistas».

Hoy, el hilo de la encíclica Laudato si nos conduce a una crítica contra la «desmesura antropocéntrica» de «la modernidad», que seguiría «dañando toda referencia común y todo intento por fortalecer los lazos sociales». Lo que lleva al autor a defender que «no se puede justificar una economía sin política», a la vez que descarga en los consumidores una «responsabilidad social» esgrimiendo dos citas: «Comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico» (encíclica Caritas in veritate, Benedicto XVI, 29 de junio de 2009), y «por eso, hoy “el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros”» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2010). Coherente con ello, Luis Argüello nos advierte de que «tanto en el campo de la identidad nacional como en el de la identidad personal, el llamado “derecho a decidir” no es moralmente legítimo en sí mismo, pues supondría la absolutización de la voluntad de poder”» (Orientaciones…). Resulta perverso apelar a la falsa interpretación que del concepto de «voluntad de poder» de Nietzsche hicieron los nazis para censurar la libertad personal que choca, precisamente, con la «voluntad de poder» que pretende limitar con líneas rojas el derecho de la ciudadanía a elegir.

En la calle Acominatu

El poema pertenece a la tercera colección que publicó la autora en 1982: El abrigo de madera. Lo componen dos partes bien diferenciadas por su perspectiva. La primera, que  describe el lugar en el que se desarrolla la escena, se extiende hasta Es así (verso 19). A partir de ese verso hasta el final se desarrolla la acción que la poeta viene a denunciar (para lo que se vale de la segunda persona), en la que, además de las protagonistas, también intervienen las vecinas indignadas (en primera persona impersonal).

En los versos iniciales se recurre a la tercera persona buscando una ambientación presuntamente objetiva. Se nos ubica espacial y temporalmente. Estamos en la zona de la plaza de Metaxurguío, en la calle Acominatu, y manda Costas Caramanlís, político conservador que, cuando Gogu escribió este poema, acababa de dejar de ser primer ministro para asumir la presidencia del país. Es decir, estamos en la primera mitad de los ochenta del siglo XX, a finales de julio, son las cuatro de la tarde y hace un calor canicular. Inmediatamente, sin transición, como si de una película se tratase, la cámara cinematográfica barre el espacio enfocando su lente subjetivamente, con regusto impresionista: bragas de todos los colores, paquistaníes, cojas, chivatas, maricas, suciedad.

En ese escenario se nos presenta a las protagonistas, las putas, que aparecen como parte del decorado, deshumanizadas. Soportan los rigores del clima en la intemperie rigurosa del verano (40 grados sin sombra, sin descanso) y ejecutan su oficio sin amor (se aparean, como mejillones), sin feminidad (son trompas y úteros inservibles, vientres hinchados de semen, incapaces, pues, para la maternidad), sin franqueza, fingiendo (con pelucas que disimulen). Son mujeres permanentemente enfermas, tullidas (leucorrea), maltratadas (pezones amoratados), traicionadas por vendedores y salvadores,  perseguidas por ciudadanos y policías. En suma, viven excluidas entre plásticos grasientos, suciedad, antisépticos y jeringuillas.

Un sol cegador estrangula el blanco de la leucorrea y de los cuerpos sobre los que destaca el morado de los hematomas e impone un tono general sepia. No hay coloración. Incluso se afirma expresa y tajantemente la ausencia de verde (de vida). Solo la lencería pone una fugaz nota de color.

Por si las circunstancias ambientales no les fuesen suficientemente hostiles, se hallan  indefensas, públicamente expuestas al escrutinio y al control de los ciudadanos indignados y de sus propios clientes, y a la violencia de los desalojos, de la policía y de los médicos de la brigada social. Comparten el estigma de las brujas.

Y sin embargo son mujeres cotidianas, como las demás, que se traen la comida preparada en casa, compran a plazos y hacen sus labores. Solo encuentran el apoyo y la solidaridad de las mujeres. No obstante, Gogu presenta en estos versos, valiéndose de la prostitución, la situación de la mujer real en la sociedad patriarcal (el aquí, donde se quema a las brujas y se jode a las putas) desde una perspectiva androcéntrica de la sexualidad femenina.

El lenguaje, como acostumbra la autora, es coloquial y usa con frecuencia términos de argot.

La creación del patriarcado

Blenamiboá

Gerda Lerner, en su libro La creación del patriarcado (Barcelona, Crítica, 1990), parte de la idea de que el patriarcado es un sistema histórico y también de que el registro del pasado ha sido llevado a cabo por la élite masculina. Este hecho ha dado lugar a que a lo largo de la historia una parte de la sociedad ha escrito e interpretado aquello que le convenía, omitiéndose la historia de las mujeres e identificando la perspectiva masculina con lo que es común a todo ser humano. Se apoya en diferentes estudios antropológicos, lingüísticos, arqueológicos y en los estudios del Antiguo Testamento, en la obra de Aristóteles y otros autores.

La apropiación de la capacidad reproductiva de las mujeres, así como el control de su sexualidad, son el origen del patriarcado y son anteriores a la formación de la propiedad privada: «La familia patriarcal es la forma en que se constituye el estado arcaico. La familia patriarcal es la célula de la que nace el amplísimo sistema de dominación patriarcal. La dominación sexual subyace a la dominación de clases y de razas».

Esta historiadora y escritora analiza la obra de Engels y reconoce sus contribuciones al señalar la conexión entre cambios estructurales en las relaciones de parentesco, cambios en la división de trabajo y cambios en la posición que ocupan las mujeres en la sociedad; también al demostrar la conexión entre propiedad privada, matrimonio monógamo y prostitución; al señalar la relación entre el dominio económico y político de los hombres con el control de la sexualidad femenina; y al situar la derrota histórica de las mujeres en el periodo histórico de la formación de los estados arcaicos. Engels dio historicidad al acontecimiento del patriarcado. 

Gerda Lerner habla del género como construcción social, se apoya en los estudios de los antropólogos Lèvi-Strauss y Gayle Rubin. Rechaza la existencia de una dicotomía inamovible entre hombres y mujeres, y critica el maternalismo feminista. Y respecto a los roles en función del género, señala que el primer papel asignado a las mujeres fue ser intercambiadas en transacciones matrimoniales.

Con respecto a la existencia de alguna sociedad matriarcal a lo largo de la historia,  Lerner analiza las obras de diferentes antropólogas y escritoras feministas y concluye: «No existe ni una sola sociedad que conozcamos donde el colectivo femenino tenga el poder de adoptar decisiones sobre los hombres o donde las mujeres marquen las normas de conducta sexual o controlen los intercambios matrimoniales». Señala también que matrilinealidad y matrilocalidad no son sinónimos de matriarcado.

«Podemos expresar mejor la complejidad de los diferentes niveles de dependencia y libertad femeninos si comparamos a cada mujer con su hermano y pensamos en como difieren las vidas y oportunidades de una y otro». 

Tener algunos privilegios dentro del sistema patriarcal gracias al poder económico nos lleva a una errada percepción de libertades femeninas y al tema de que el sistema patriarcal solo puede funcionar gracias a la cooperación de las mujeres.  Razones por las que las mujeres han cooperado con el patriarcado a lo largo de los 4.000 años de su historia han sido el modelamiento psicológico para interiorizar la idea de la propia inferioridad; la ignorancia de su propia historia de luchas y logros; las dificultades para desarrollar la solidaridad femenina por encima de lazos familiares que las subordinaban a sus parientes masculinos; su adoctrinamiento desde la primera infancia, y su mantenimiento en una etapa infantil de estar protegida siempre a lo largo de su vida por diferentes figuras masculinas.

Conclusiones

Nuestra herencia cultural es un sistema de símbolos donde los hombres se apoderaron de las definiciones, de los símbolos femeninos y elaboraron sistemas androcéntricos para explicar el mundo. Este relato de la historia no puede ser superado simplemente añadiendo a las mujeres ni tratando de incluir el pensamiento femenino dentro del marco patriarcal. 

La humanidad está formada por hombres y mujeres a partes iguales. La importancia de la labor de reestructurar de forma radical nuestro pensamiento viene de la necesidad de conservar nuestro pasado colectivo y reinterpretarlo para el presente, para definirnos y explorar los límites de nuestras posibilidades como seres humanos.

Si el patriarcado no es un proceso natural, sino que tiene un inicio en la historia, puede acabarse con él.

AlTajo nº 18 marzo

AlTajo nº18 marzo

Presentación

Nos encontramos a las puertas del 8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora, cuyos orígenes se remontan al 25 de marzo de 1911, cuando más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, fueron asesinadas en la fábrica  textil Triangle Shirtwaist de Nueva York por reivindicar mejoras en sus derechos laborales y la homologación salarial con los hombres.

Al igual que en años anteriores, en este 8M la CNTsale a las calles, como señala en un manifiesto que publicamos en la página siguiente, para reclamar, entre otras cosas, la equidad en los puestos de trabajo, la derogación de las reformas laborales que atentan especialmente contra las trabajadoras. Y denunciar la explotación y la vulneración de derechos en los sectores llamados «feminizados», el paro salvaje que sufren las personas trans, la indefensión en la que la ley de extranjería deja a las mujeres migrantes y la discriminación que sufren las personas racializadas en lo laboral y social.

Pero, además de en las actividades en torno al 8M, en este mes de marzo podremos participar también en al menos otras tres más organizadas por CNT-Aranjuez: el miércoles día 4, a las 20 h, en el videofórum que organizamos en nuestro local todos los meses, podremos ver el documental Héroes invisibles: afroamericanos en la Guerra Civil española. Más adelante, el viernes 13 de marzo, a las 19.30 h, en el CC Isabel de Farnesio (aula 17), presentamos el libro Londres-Sarajevo, de Isaak Begoña, con la intervención del autor. Y el 20 de marzo, también viernes, a la misma hora y en el mismo escenario, otra presentación, en este caso de La huerta y el origen de las cosas, el nuevo cómic de Rubén Uceda. Asimismo, a partir del día 6 de marzo instalaremos una exposición fotográfica sobre la fauna salvaje, que se podrá ver de 20 a 21 horas de lunes a viernes.

Pasando ya a los contenidos de este número de AL TAJO, publicamos, al hilo del 8M, en las primeras páginas, además del manifiesto de CNT, tres artículos: Estampas cotidianas de mujer, de Loba López; Educación: ¿reproducimos desigualdad o creamos algo nuevo?, de Luadebaides; y un comentario del libro La creación del patriarcado, de Gerdar Lerner, de Blenamiboá.

A los que sigue el texto de Silvestre Bellotada contra la especulación, una crónica de la plantación de bellotas en nuestra localidad el 23 de febrero.

A continuación, en La religión de los «expertos». La teología tras la técnica, su autor nos muestra diferentes enfoques concernientes al progreso técnico, las ideologías y la política.

Tomando pie en el debate sobre la eutanasia, publicamos después Por el derecho a una muerte digna, de Domingo M. A. Y tras los comentarios de libros, cerramos el número con un par de poemas de Fernando Barbero y con otro de Caterina Gogu, traducido y comentado por Yanis Merinakis.    ■

8M: Estampas cotidianas de mujer

Loba López

Es una niña, dijo, yo quería un macho, la vistes de rosa, la pones lazos y vestidos, la peinas con trenzas muy apretadas, qué mona, cuidado está creciendo, dijo, le han salido tetas, qué rara está con las tetas y esas patitas tan flacas, es fea, dijo, no llegará a ninguna parte, dijo, para qué va a estudiar, mejor se casa y tiene hijos, pero a ver si encuentra un marido, está muy delgada, dijo, se ha echado novio, ya la tenemos colocada, que se case antes de que se quede embarazada, eso nunca, mi honor es lo primero, mira que es rara mi mujer, dijo, tiene las tetas grandes y las piernas flacas, pero me pone, me pone mucho, qué asco cuando tiene la regla y ahora que está embarazada ni tocarla, qué grima me da, dijo.

Las trenzas me aprietan, el vestido me resulta incómodo, yo solo quiero jugar y se me ven las bragas, los chicos se ríen y ese balón parece tan divertido, pero tengo que estar sentada con las piernas juntas y las manos sobre el regazo, me están saliendo unos bultos en los pecho que me duelen, y pelos, qué vergüenza, mamá me dice que pronto seré mujer, yo no quiero, quiero jugar al fútbol y montar en bici, los chicos me miran y me hacen sentir extraña, también me insultan, me llaman «patilarga», me meten mano riendo, uno me ha dicho que si quedamos, y como papá me ha dicho que tengo que casarme, quedo con él, me caso y tengo hijos, pero yo quiero jugar al fútbol y estudiar y me siento muy pequeña.

Mira esta guarra con la falda corta y la blusa pegada, está buscando guerra, cuando nos quedemos solos, la entro, dijo, ella no lo sabe, pero está deseando que se la meta a fondo, un buen pollazo necesita, dijo, ahí va, la tengo a tiro, voy al ataque, venga, cerda, que te va a gustar, se me resiste la muy cabrona, eso me gusta, es dura de pelar, jajajaja, venga que te rajo las bragas, qué puta, me ha pegado un mordisco, ahora verás, al suelo con ella, la sujeto, dijo, la sujeto y se la meto, así a la fuerza, anda, ahora disfruta zorra, cómo chilla, le tapo la boca, que nos pueden oír, le doy una hostia y se calla, dijo, hala, ya está, qué asco de tía, tiene el culo caído, dijo.

Siempre me está mirando, ya se lo he contado a los compañeros porque tengo miedo,  y se ríen, dicen que a ver qué le habré dicho al pobre, que no me ponga la falda corta, ni la blusa pegada, que le estoy provocando, me gusta mi falda, me gusta ir como yo quiero, pero tendré que tomarlo en cuenta, hoy está muy raro, me mira más de lo normal, qué ganas de irme, pero tengo que acabar y ya todo el mundo se está yendo, solos, yo sigo a lo mío, joder, que viene hacia aquí, no me da tiempo a irme, le tengo encima, le huele el aliento, y sus manos me están sobando sudorosas, qué asco, me hace daño, me retuerce los pezones, me abre las bragas, cuantas manos tiene, le muerdo y me tira al suelo, el techo con los fluorescentes colgando, grito, me duele, escuece, tengo sangre en la boca, en mi interior, se me rasga algo, pierdo la noción del  tiempo, jadeos y empujones, jadeos, empujones… 

Querida oyente, ponte crema, depílate, cuida tu pelo, mejor largo, que a ellos les gusta largo y sedoso, dijo, sé limpia, cuidado con los olores íntimos, que pueden molestar, ten a raya la celulitis, que es muy antiestética, y las estrías, date crema, date crema, dijo, hay que controlar la flacidez, serás admirada por ellos y envidada por tus amigas, un buen cuerpo, ahora con curvas, mañana muy delgado, ahora ponte tetas, dijo, ya no se llevan, quítate los implantes, el culo, bien trabajado, guapa sí, como nosotros queremos, dijo, si no, no eres nada, te dictamos cómo hacerlo, hoy esto mañana, lo otro, estate atenta, imita a las celebritys, dijo.

Estoy muy delgada, no tengo tetas, se ríen de mí, qué curvas tiene Lucía, mañana vamos a la piscina, no me he depilado, me paso la cuchilla y ya está, aunque luego me salgan de punta, he engordado, tengo «michelines», qué asco me doy, no puede verme en el espejo, no quiero que me vean desnuda, así que le digo que estoy cansada, he visto que puedo ponerme tetas y pagarlo en «tropecientosmil» cómodos plazos, ahora se lleva tener culo, voy a comprarme unos pantalones con relleno, joder, qué ansiedad tengo, me como el paquete entero, lo he vuelto a hacer, tengo que vomitar, ya voy a dejar de comer, debo ser perfecta y eso.

Eh, señora, dijo, haga el favor de quitarse de en medio, está usted molestando, dijo, qué torpe, cómo es que conduce un taxi, es mujer y vieja, lo menos tiene 50 años, y está gorda, cómo va a llevar un taxi, dijo, señora, le digo que se quite, no ve que necesito aparcar, mujer tenías que ser, están muy subiditas con esto del feminismo, se creen que pueden hacer lo mismo que nosotros, y eso sí que no, cada uno a lo suyo, dijo, porque si no, esto es un sindiós, les ha dado por estudiar y qué se creen, que van a llegar a presidentas del Gobierno, cada uno a lo suyo, dijo, ellas están bien en casa, como siempre ha sido y será, dijo.

Hoy empiezo en el trabajo, estoy muy nerviosa, soy la única mujer, todos me están mirando, son amables, menos uno, que me dice que no me da un beso de saludo porque las feministas no queremos besos, mal empezamos, sé que les extraña mi edad, ahora hay más jóvenes que hacen este trabajo, pero antes era muy raro, tengo más títulos que ellos, más experiencia y me siento incómoda, como si fuera inferior, que no lo soy, ¿o son ellos los que tienen miedo?, pudiera ser, tengo que demostrar que valgo, me pongo las pilas, comienzo a dar órdenes, imposto un poco la voz para impresionar, ¿pero qué estoy haciendo? Que se pase pronto el día, que no se me note.

Y sigue…

Educación: ¿reproducimos desigualdad o creamos algo nuevo?

Luadebaides

«Coeducar significa educar a las niñas y a los niños en igualdad. No debemos confundirlo con la educación mixta, porque ese tipo de educación sencillamente educa a niñas y niños, pero no necesariamente como iguales. Hemos visto cómo la historia, la ciencia, la literatura y todas las disciplinas académicas y culturales han sido explicadas desde un punto de vista exclusivamente androcéntrico, invisibilizando los logros realizados por las mujeres, su pensamiento y sus aportaciones a la humanidad. En la educación mixta se han perpetuado los estereotipos sexistas, el lenguaje no inclusivo, las expectativas desiguales generadas en torno a las niñas y los niños, los roles de género y los materiales educativos mediáticos o culturales que hacían diferenciaciones…» (Marañón, 2018, p. 104). 

Nuestra sociedad tiene una herencia patriarcal que, como si fuera sus cimientos, la sostiene y da fuerza a lo que vino después, ¿cómo no va a haber sectores que vean peligrar sus tradiciones y sus privilegios cuando planteamos construir una nueva sociedad con nuevas formas de relacionarnos? ¿Y quienes sí queremos que nuestras hijas e hijos se desarrollen plenamente, respetando a cada una y a cada uno como persona sin la presión de qué se espera de ella o de él por ser chica o chico? ¿Qué se puede hacer en los colegios? 

En este artículo queremos dar difusión a algunos textos que anteriormente estudiaron la educación y reflexionaron sobre ella con una mirada feminista, es decir, valorando y respetando a todas las personas y tomando conciencia de las desigualdades existentes y de la discriminación hacia las mujeres.

Las expectativas hacia el alumnado

Según María del Carmen Rodríguez Menéndez, las expectativas del profesorado hacia el alumnado están cargadas de estereotipos de género y pueden influir en el comportamiento y en la calidad de las relaciones (2007). Las expectativas (con contenido sexista aunque no seamos conscientes) se manifiestan en prácticas escolares habituales, promueven relaciones no equitativas entre chicas y chicos, e influyen en la construcción de la identidad de cada peque.

Los mensajes que se transmiten en la escuela en torno a lo que se espera de cada alumna o alumno suponen un forma implícita de socializar y educar al alumnado para reproducir unas relaciones desiguales entre las personas, cuando refuerzan la idea de que lo masculino está ligado a fuerza, racionalidad, competitividad, etc., y lo femenino a la emoción, a la debilidad… Estos mensajes sexistas perjudican la convivencia de diferente modo. Principalmente me gustaría reflejar estas dos consecuencias: crea distintos estatus entre las personas y provoca discriminación hacia aquellas que no forman parte de la masculinidad hegemónica.

Enrique J. Díez Gutiérrez señala que la masculinidad hegemónica está asociada a la heterosexualidad y al control del poder por lo hombres, y «se construye siempre en oposición a varias masculinidades subordinadas, forma de relación que se repite en su vinculación con las mujeres». Es esencial comprender el impacto de los mensajes en la socialización de los chicos atendiendo a la acción de la «masculinidad cómplice» que aspira a formar parte de la masculinidad ejemplar y lo desea, por lo cual produce y promociona estereotipos que serán admirados por niños.

Díez Gutiérrez añade: «Cuando no se tiene nada, la masculinidad se vuelve uno de los pocos atributos de los que un chico se puede jactar, construyendo identidades masculinas muchas veces violentas. Lo que parece, por tanto, es que este arquetipo tradicional de masculinidad, lejos de estar en declive, se ve hoy reforzado y sigue inspirando la conducta de los adolescentes y jóvenes, reproduciéndose en los centros educativos, que se constituyen en uno de los sitios principales de formación de masculinidad» (Díez, 2015, p. 81).

Los mensajes sexistas se trasmiten a través de la asignación diferencial de actividades y roles por parte del profesorado. Juega un papel fundamental el uso del cuerpo en la construcción de la masculinidad en las escuelas (no aparentar ninguna desviación de la norma hegemónica heterosexual, jugar bien al fútbol…).

Díez Gutiérrez, citando a su vez a Bourdieu, Ramírez y Lozoya, señala: «Cuando la violencia simbólica falla, aparecen formas de dominación explícitas como el caso de la violencia de género, la forma más visible y salvaje de la dominación masculina, que, al tener el mayor gasto económico para el género masculino, solo ocurre cuando se agota el capital simbólico del hombre. Pero también la violencia está presente en la escuela, y no solo entre los chicos, sino que mientras se use el castigo para educar, los niños aprenderán que es un recurso eficaz para imponer el propio punto de vista, someter la voluntad del otro y corregir la conducta. Si además se les dice que es un gran honor defender heroicamente a su país, al tiempo que se les enseña a ser fuertes y valientes, a no llorar, a negar el miedo y la vulnerabilidad, a buscar emociones fuertes, a afirmar su ego frente al riesgo y a la muerte… la violencia seguirá siendo central en la resolución de conflictos, e ir a la guerra seguirá siendo la manifestación definitiva de la masculinidad (Díez, 2015, p. 85).

Contrarrestar las influencias sexistas

Transformar la escuela como espacio simbólico requiere intervenir desde diferentes puntos, no es suficiente con solo revisar los mensajes orales, o las prácticas deportivas, o las expectativas que se explicitan… Además de desaprender la cultura ligada a la masculinidad tradicional hegemónica, es necesario avanzar en una ética del cuidado compartido, de la educación emocional y contra la violencia de género (Díaz-Aguado y Martín, citadas en Díez, 2015, p.89).

En este sentido, continúa el autor, es necesario introducir los contenidos en el currículo escolar, no como una asignatura de segundo orden, dice, sino como un contenido potente y relevante que sea funcional y significativo en el proceso educativo. Concreta este autor algunas acciones encaminadas a contrarrestar influencias sexistas que proceden del resto de la sociedad: 

a) Deconstruir la historia en el plano cognitivo y analizarla desde la perspectiva de las diferencias de género.  

b) Superar la invisibilidad de las mujeres en los contenidos que se estudian. 

c) Enseñar a detectar y corregir los estereotipos y distorsiones sexistas. 

Para ello propone una revisión del currículo, de los saberes y modelos que se ofrecen al alumnado, poner cuidado en el uso del lenguaje, en el diálogo y en la expresión de los sentimientos, así como rechazar explícitamente las actitudes de menosprecio hacia las chicas (Díez, 2015).

Fuentes:

· Barbijaputa. La fiebre de la goma elástica. Píkara Magazine, consultado en marzo de 2019: https://www.pikaramagazine.com/2018/09/la-fiebre-de-la-goma-elastica/

· Díez Gutiérrez, E.J. 2015. Códigos de masculinidad hegemónica en educación. Revista Iberoamericana de Educación, vol. 68, nº1, pp. 79-98. Consultado en marzo de 2019: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5159873

·Marañón, I. 2018. Educar en el feminismo. Barcelona: Plataforma Editorial.

· Rodríguez Menéndez, María del Carmen, 2007. Identidad masculina y contexto escolar: notas para un debate. Revista de Educación, nº 342, pp. 397-418.

Bellotada contra la especulación

Silvestre

La gran bellotada es un proyecto cuyo objetivo era la plantación de más de 60 millones de bellotas en el territorio peninsular. En este marco, la CNT de Aranjuez organizó, el 23 del pasado mes de febrero, y con la participación de los colectivos Juventudes Comunistas, la SEO, grupo de consumo de Aranjuez y ARCO cultural, la plantación de bellotas y retamas en un encinar de incalculable valor ambiental situado en el barrio de La Montaña. Además de la plantación de las bellotas y semillas de retamas, en el programa se incluía un cuentacuentos y  una comida popular. Esta actividad congregó a más de cien personas, muchos de ellos niñas y niños. La jornada transcurrió en un ambiente festivo, y pudimos disfrutar de la observación de distintas especies de pájaros y alguna culebra.

Los objetivos de esta iniciativa no solo era regenerar ese encinar, sino preservarlo de un proyecto especulativo de desarrollo industrial y de viviendas, aprobado por el Consistorio de Aranjuez. Se trata de un bosque, en su mayor parte en regresión, de encinas centenarias y que, desafortunadamente, sufre la compactación del suelo producido por la afluencia masiva de coches los fines de semana. Esto mismo ocurría en la Casa de Campo de Madrid hace más de 40 años y la solución fue la restricción total de los vehículos al encinar.

Esta acción de febrero correspondía a la segunda fase de la bellotada. La primera se llevó a cabo en el mes de noviembre del año pasado y consistió en la recolección de bellotas (cogimos  más de 15 kilos) y semillas de retamas. Pese a que el día no acompañó, fue también un éxito de participación. Las semillas se recolectaron del  mismo encinar y se guardaron en un frigorífico a una temperatura constante de 5 grados durante dos meses. Las de retama se conservaron  en un armario. Aunque elegimos dividir la bellotada en dos partes, en realidad, ambas se pueden llevar a cabo el mismo día de la recolección con el fin de minimizar los daños causados por los animales en el periodo invernal, pues la bellota es una semilla que les gusta mucho.

También tuvimos que emplear dos procesos para poder sembrar las retamas. El primero fue el descascarillado del fruto y, posteriormente, el escaldado (para reblandecer la cubierta de la semilla), que consistió en poner agua a calentar y cuando empezó a hervir, retirar el recipiente e introducir las semillas y dejarlas hasta que el agua se enfriase.

Las bellotas se sembraron bajo la protección de las retamas y encinas, y las retamas en las zonas sin vegetación arbórea ni arbustiva.

Hay que señalar que, antes de la ejecución de cada fase, convocamos a la ciudadanía de Aranjuez a una reunión para explicarles en qué iba consistir la actividad y cómo desarrollarla, así como indicarles cuáles eran las herramientas necesarias para la siembra. Tenemos que preservar este bosque primario de la especulación enmascarada en un falso desarrollo industrial. En nuestra Comunidad hay numerosos polígonos industriales abandonados que solo han servido para la recalificación del suelo. Tampoco hemos de olvidar la fragilidad de estos ecosistemas ante los daños entrópicos y que una encina tarda unos 20 años en fructificar.

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