Category Archives: Aranjuez

¿Dónde está el secreto?

Pardao

Con la llegada del año 2019 se produjo la entrada en vigor del nuevo salario mínimo interprofesional (en adelante SMI). Esta subida suponía un incremento del 22,3% con respecto al anterior SMI. El Gobierno, con esta medida, quería alcanzar, o mejor dicho, aproximarse, a las recomendaciones europeas sobre la cuantía del SMI en relación con los salarios medios. Antes y después de la entrada en vigor del nuevo SMI todos los resortes del poder económico, partidos, medios de comunicación, asociaciones empresariales, etc., se encargaron de arremeter contra esta subida, argumentando que supondría automáticamente la destrucción de empleo ante el aumento de los costes laborales para las empresas, sobre todo en los sectores más precarizados, donde abundan los sueldos más bajos, como son el sector servicios y la agricultura.

Como es habitual, el análisis de estas medidas se realiza en un ámbito económico y no social; se valora agradar al dinero, no dignificar la vida de los trabajadores y trabajadoras, y, sobre todo, se trata de meter miedo a los trabajadores y trabajadoras, paralizarlos, volverlos conservadores de la nada, que es lo que tenemos, ante un panorama económico que todavía puede ser peor. No hemos aprendido que jamás la lucha por la mejora de nuestras condiciones laborales ha supuesto una crisis del sistema capitalista; antes al contrario, ha sido el propio sistema, con su avaricia desmedida y con su dinámica depredadora de recursos y vidas de la clase obrera, el que ha generado las crisis, que como siempre hemos cargado sobre nuestras espaldas. 

Trascurrido casi un año desde la entrada en vigor de la subida del SMI, solo se ha tratado el tema de la destrucción de empleo, ralentización de la economía y bajada de beneficios empresariales; pero ha quedado en el olvido intencionado la verdadera realidad: las subida del SMI, en muchas ocasiones, han hecho que un buen número de trabajadores y trabajadoras hayan pasado a la economía sumergida, o bien que sus contratos a tiempo parcial no reflejen la realidad de sus eternas jornadas, y otra serie de trucos empresariales para que el negocio siga siendo rentable.

La práctica más descarada y prepotente ante la subida del SMI es la de no aplicarla y así obligar a los trabajadores y trabajadoras a que reclamen, sabedores de que eso les puede traer a corto y medio plazo consecuencias. Pero las empresas que realizan estas prácticas no tienen problema alguno, pues saben que su comportamiento no va a trascender, ni serán portada de ningún medio de comunicación de masas, porque, qué casualidad, contribuyen de manera generosa a mantenerlos, anunciándose en ellos.

El caso de Telepizza Aranjuez

Hasta ahora hemos visto, con carácter general, algunas consecuencias de la subida del SMI. Ahora vamos a ver un caso concreto en Fredopizza, S. L., que tiene la franquicia de Telepizza en Aranjuez. Vamos a ver el secreto de su masa de dinero acumulada a costa de sus trabajadores y trabajadoras. Desde enero de este año, Telepizza Aranjuez no ha aplicado la subida del SMI a sus trabajadores y trabajadoras, y estamos hablando de una empresa que genera un empleo precario, con contratos a tiempo parcial, flexibilidad horaria extrema y salarios de hambre. Esto choca frontalmente con los números que presenta la marca Telepizza, cuyos beneficios no dejan de crecer. Hablamos de aproximadamente 10 millones de euros de beneficio este año y con gastos millonarios en publicidad en todos los medios.

Pero lo que ganan no les debe parecer suficiente para ni tan siquiera cumplir con las condiciones mínimas laborales recogidas en las leyes y convenios colectivos. Ante esta situación, un número reducido de trabajadores iniciaron las acciones para la reclamación de las cantidades pendientes, pero al mismo tiempo tomaron el camino de lucha colectiva, y para ello contactaron con el sindicato de CNT en Aranjuez. Tras una serie de reuniones, se acordó convocar una asamblea en el sindicato para que asistieran todos los trabajadores y trabajadoras interesados en conocer sus derechos y, fruto de ese conocimiento, saber el alcance de los abusos empresariales.

La reunión fue satisfactoria, pero, como suele ser habitual, el peor enemigo lo tenemos muchas veces entre nuestra clase. A uno o una de los y las asistentes a la reunión le faltó tiempo para dar a conocer al empresario los temas tratados. La reacción de la empresa fue entonces intentar frenar la organización de los y las trabajadores de su centro de trabajo. Y para eso pensó, si habían sido siempre tan dóciles y habían “tragado con todo” hasta ahora, añadir a su nómina un concepto de atrasos y una cantidad ridícula que simulase cumplir con la legalidad, y asunto cerrado. Pero el problema es que ni tan siquiera con esa cantidad mensual se llega a alcanzar el salario mínimo interprofesional, ni es ese el único incumplimiento de la empresa en lo que respecta a los derechos laborales.

Pero a pesar de que la empresa está haciendo todo lo posible para tratar de frenar la lucha obrera en su centro de trabajo, no lo va a conseguir desde el momento en que ya hay trabajadores y trabajadoras que han tomado conciencia. Y ya no hay vuelta atrás. Ante la posición de la empresa, la respuesta ha sido la que se merece: constitución de la sección sindical de CNT en Telepizza Aranjuez para organizar así a la clase obrera. Ya constituida la sección de CNT y puesta en marcha, desde ésta se está empezando a exigir los derechos que corresponden a la clase trabajadora. Y no van a consentir ningún abuso más. 

El camino de la sección sindical de CNT es largo, pero al menos se camina. La otra posibilidad es quedar estancados en la sumisión y servilismo al empresario, renunciando a los derechos conquistados. Este es solo un ejemplo de las muchas empresas en las que las prácticas antiobreras es el pan de cada día. Y solo queda un camino que es el de la unión y la lucha. En ese camino estará la CNT. El secreto no está en la masa, está en la lucha.

Sostenibilidad

Silvestre

Es frecuente la precariedad de recursos humanos y técnicos en los servicios municipales de parques y jardines de los municipios. La gestión de conservación está privatizada en la mayoría de las ciudades. Los intereses económicos, la falta de medios y la desgana en los responsables políticos y técnicos de los ayuntamientos conllevan un deterioro y abandono de las zonas verdes.

El mantenimiento de estos espacios tiene tanta importancia como la creación de nuevos parques y jardines. No es habitual, en este país, que en los nuevos proyectos se tenga en cuenta la conservación del espacio. Es más normal ver cómo se gastan grandes sumas de dinero en la ejecución  de los nuevos proyectos para que, a los pocos años, presenten un estado lamentable por falta de un adecuado mantenimiento.

Actualmente, la tendencia es diseñar jardines que no requieran excesiva mano de obra y en los que las labores de mantenimiento estén mecanizadas. Las superficies se siembran con cespitosas que requieren gran consumo de agua (desiertos verdes), se adoquinan o se cubren con un geotextil, los árboles están constreñidos en unos alcorques ridículos y los parterres son monocultivos arbustivos. Las rosaledas, setos, borduras y las plantas vivaces y de temporada prácticamente han desaparecido. Los árboles de gran porte no se plantan porque acarrean problemas en el mantenimiento. Hay menos diversidad vegetal, los espacios son más homogéneos. Con segadoras, desbrozadoras y cortasetos se llevan a cabo la mayoría de las labores de conservación.

Esta tendencia de minimizar los trabajos de mantenimiento en las zonas verdes, en muchos casos, se enmascara con el término «sostenibilidad», que va asociado a otra palabra que también está de moda, «resilencia», que es la capacidad que tienen los seres vivos para adaptarse a los cambios. Por una parte, aconsejan la utilización de especies resilientes; por la otra, suprimen cualquier brote de árbol que haya salido de manera espontánea.

Se racanea en el agua, en la superficie de cultivo y en la calidad de la tierra. Los árboles caducifolios, en este clima, tienen pocos recursos para adaptarse a estas nuevas condiciones de escasez de lluvia y altas temperaturas. Podemos ver cómo la falta de riego está secando las arboledas de las calles. Este déficit hídrico se agudiza con la falta de precipitaciones y el aumento de la temperatura. Tenemos un buen ejemplo con las calles que están plantadas de tilos, árboles que presentan serias dificultades para su desarrollo en un clima continental como es el nuestro. Tendríamos que hacer un esfuerzo en su mantenimiento, empezando por el riego (imprescindible la conservación de las caceras) y el no refaldado de sus troncos.

Si se hace una nueva plantación, es obligado hacerla mixta, con especies de mayor desarrollo que protejan a los tilos, y se ha de demandar al Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) un programa de cultivo, en su vivero de Sotopavera, de las especies que se deban plantar. Un jardín es  sostenible cuando lo preservamos para las generaciones futuras. No tenemos que olvidar que la jardinería es el oficio del cuidado de las plantas.

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