Category Archives: Estado

En esta epoca crucial para España, ¡Orad por España!

Angel Caído

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, en una entrevista recogida por Europa Press, manifiesta sentir “inquietud” ante la formación de un Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos; atisba “un futuro incierto” y pide estar “muy alerta” para que se mantenga la clase de religión y los conciertos a los colegios (business is business). Afirma en dicha entrevista que “la situación actual, a mí me produce mucha perplejidad y un horizonte muy incierto. Yo pido al Señor que acierte en la formación del Gobierno y después en la gobernación diaria del Gobierno ya constituido, pero tengo inquietud“.

Para el presidente de la Conferencia Episcopal, en España existen “cuatro o cinco partidos de ámbito nacional con consistencia“, pide recuperar el “espíritu” de la Transición y espera que no se formen bloques (lo de Vox, PP y Ciudadanos debe ser la reencarnación del Espíritu Santo). “Pediría que el espíritu de la Transición, que es de diálogo, de confianza recíproca, de reconciliación, no se olvide, porque si no, es muy difícil poder convivir los distintos” (imagino que se referirá al “dialogo” que en el período de la transición permitió la firma del concordato con la Santa Sede en términos tan favorables a la iglesia católica). Sí señor Blázquez, pediremos al Gobierno diálogo y que tome como ejemplo el que la Iglesia ha mantenido con los que han sufrido las prácticas pederastas de sus curas.

Por otra parte, en una carta a toda la diócesis de Valencia, de fecha 4 de enero, el arzobispo Antonio Cañizares Llovera afirma que “nos encontramos en España con una situación crítica, de verdadera emergencia”.

En una charla con un “señor muy importante de España, de gran sabiduría, lucidez y experiencia”, cuya identidad no desvela, le preguntaba el arzobispo “¿Qué podemos y debemos hacer los cristianos, la Iglesia?“, a lo que éste “señor” le respondía con toda sinceridad y sentido católico de la vida: “que testimonie a Jesucristo, en obras y palabras […] para construir un mundo nuevo con hombres y mujeres nuevos, con mentalidad nueva, una España nueva, que esto cambiará el mundo y nuestra España” (¿sería este señor importante la reencarnación de Durruti? Libertarios alerta).


En estos tiempos de secularización y de eclipse de Dios […] es tiempo de oración […] la renovación y edificación de nuestra España [no] serán posibles si no oramos. Todos debemos orar […] Es preciso, absolutamente necesario, como nos dice Jesús, orar en todo tiempo y no desfallecer […] por eso pido encarecidamente y me pongo de rodillas … [para que] mientras no se aclare el futuro incierto que vivimos ahora en España […] en todas las Iglesias se […] eleven oraciones especiales por España […] La situación urge y apremia […]”.


OS LO REPITO: ORAD POR ESPAÑA. ¡Gracias a todos!

Si señor arzobispo, nosotros también tenemos miedo, miedo de que, al final, como siempre, con gobiernos de derechas o de izquierdas, todo siga igual, pero más igual para unos que para otros, para los de siempre. Por eso, me he tomado la libertad de seguir su consejo, y rezar a su Dios para que algún día la asignatura de religión sea de carácter voluntario para los estudiantes, sin que haya una asignatura alternativa ni la nota sea computable a efectos académicos. Para que sólo adoctrinen a aquellos que quieran se adoctrinados.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, se recuperen los bienes inmatriculados (inscritos en el Registro de la propiedad) indebidamente por la Iglesia.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, la Iglesia católica no esté por encima de la Ley, ni disfrute de privilegios que atentan contra el principio de legalidad y de igualdad. Por un Estado aconfesional real.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, se blinde la educación pública como eje vertebrador del sistema educativo. Si, ya sé, eso va en contra del negocio, pero usted ya sabe, los rojos no tenemos conciencia.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, no se sufraguen con fondos públicos a los colegios concertados que no garanticen la inclusión y la eliminación de la segregación escolar por las condiciones de origen de los estudiantes, por sus necesidades educativas especiales o por sexo.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, se garantice la gratuidad real y efectiva de la educación obligatoria, libros, material escolar y comedor, durante todas las etapas para familias en situación de vulnerabilidad socioeconómica; así como a potenciar la educación afectivo-sexual dentro del sistema educativo, conforme a un enfoque de derechos, de igualdad y libertad.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, se revise el papel de la mujer en la Iglesia. Es el propio Instrumento de trabajo preparatorio del Congreso de Laicos 2020, promovido por la Conferencia Episcopal Española, que se celebrará del 14 al 16 de febrero en Madrid, el que advierte del “escaso protagonismo de la mujer” en la Iglesia. Este texto, Instrumentum Laboris, recoge las aportaciones de 2.485 grupos, integrados por más de 37.000 personas, de toda la geografía española.

Dios es Amor“, repiten insistentemente los católicos. “Dejad que los niños se acerquen a mí”, se puede leer en las escrituras que dijo Jesús. Pero ¿se ha entendido bien este mensaje en el seno de la Iglesia? En el citado Instrumento se pide que, como Iglesia, “se reconozcan los pecados de algunos de sus miembros en lugar de ocultarlos” y se “comprometen a sanar las heridas por ellos provocados“, en referencia a los “graves escándalos de abusos (sexuales, económicos, de poder o de conciencia)”.

Sí ya sé que algunas de estas propuestas figuran en el acuerdo de gobierno PSOE-UP y esos les produce “alerta”, pero no se preocupe, la España profunda, la España rancia, la España católica-integrista, ya está en pie y no pararan hasta evitar los cambios y, si es necesario, derribar el gobierno que se forme. No importan los medios ni las consecuencias. España (su España, no la nuestra), es lo primero. La España cuartelera, la de las banderas, las cuentas en paraísos fiscales y la España fratricida.

Podríamos seguir “dialogando” sobre muchos más temas, pero voy a seguir su ejemplo. Me marcho a rezar a ese Dios suyo para que, con toda modestia, tenga en su mente mis palabras cuando decida “intervenir” en los asuntos terrenales.

Finalmente, y para no extenderme más, les felicito por lo bien que marcha el “negocio”. Según datos de la última memoria de actividades de la Iglesia Católica, han tenido un superávit de 16 millones de euros en 2017. Claro que, en parte, se ha debido a que el 80% de las diócesis no gastó todo su presupuesto, dejando sin gastar 16 millones, un 1,7% del total. “Ha habido una austeridad en el gasto“, ha explicado el responsable económico de la Conferencia Episcopal, Fernando Jiménez Barriocanal. (¿Será porque no hay labores asistenciales que realizar?). Y es que, a la labor asistencial, las diócesis destinaron 55 millones de euros, el 6,1% de sus ingresos. Es lo que se gasta, por ejemplo, en albergues o comedores diocesanos. Tremendo esfuerzo por socorrer a los necesitados.

En definitiva, señor arzobispo, estoy totalmente de acuerdo con Vd. cuando afirma en su carta “lo que digo no es ni retórica ni dramatismo estéril. Es así y no hay que darle vuelta, hora crucial y de emergencia”.

Ni izquierda ni derecha: tecnocracia

Ni izquierda ni derecha: tecnocracia

El 4 de junio pasado, en Antena 3, Albert Rivera, tras asegurar que «Vox tendría que decidir si permiten que Ciudadanos y el PP gobiernen o lo haga la izquierda», no veía contradicción en aseverar también que «lo de la izquierda y la derecha» le parecía «obsoleto» y «le importaba un bledo». Aún más, ante Fórum Europa, en enero de 2018, y presentado por Eduardo Serra, el que fuera ministro con Felipe González y con José María Aznar y hoy presidente del lobby empresarial de las grandes operadoras de telecomunicaciones, Rivera proclamó que el eje izquierda-derecha «ya no existe». Como “liberal”, se negaba a pensar que las preguntas del siglo XXI se respondan con dogmas que «nos mantienen atrapados en el pasado». Y pidió, sin que sus palabras le pareciesen paradójicas, «un proyecto nacional, no de partido» que diera «la batalla al nacionalismo» (Infolibre, 24 de enero de 2018). Para ABC (18 de mayo de 2018), «desde esta formación política […] se zanja el debate así: “Ni de izquierdas ni de derechas, Ciudadanos es transversal”». 

Pablo Iglesias también deseó un «movimiento transversal» y, por ello, defendió ocupar «la centralidad [cuyo significado consideró distinto al del “centro”] del tablero» y rechazaba las reglas del juego de quienes proponen «que nos movamos en ese eje de izquierda-derecha». La misma intención equidistante que manifestó Adolfo Suárez al fundar la UCD. Poniendo esta formación de ejemplo, el filósofo Gustavo Bueno, en El mito de la derecha: ¿qué significa ser de derechas en la España actual? (2008), entendió el “centro” como «resultado de la neutralización de corrientes extremas». «La no ideología» no tuvo el resultado esperado, «por lo que […] empezó a definirse de izquierdas […]». De esta forma, en andalucesdiario.es declaró […]: «Lo que yo digo es que lo que estamos diciendo no es de derechas ni de izquierdas […]. Nosotros es evidente que somos de izquierdas» (elplural.com, 29 de noviembre de 2014).   

Para Basilio Moreno (“Ni de izquierdas ni de derechas: ¿Entonces qué?” camaracivica.com, 2015), en Europa, “izquierda” y “derecha” seguirían siendo referentes para la mayoría de los votantes, porque estas señas de identidad aportarían información sobre lo que se espera del partido. Sin embargo, «últimamente ciertos partidos se han mostrado reacios a entrar en esta batalla ideológica tradicional entre los valores de izquierda y derecha. El Movimento Cinque Stelle (M5S) en Italia o  Podemos en España son algunos ejemplos de ello». Para Moreno, «las etiquetas ideológicas clásicas de izquierda y derecha» estarían «vinculadas principalmente al papel que el Estado debe desempeñar en la economía».

Más allá de la izquierda y la derecha

En ese sentido, el sociólogo Anthony Giddens, autor de Más allá de la izquierda y la derecha: el futuro de las políticas radicales (1994), creyó que, tras la caída del Muro, se abría un nuevo escenario sin lucha de clases y de gestión del Estado donde “liberal” y “social” fueran calificativos compatibles. Abrió así un dilema todavía vivo sobre cuál sería la genuina diferencia entre una “socialdemocracia” despojada del marxismo y del keynesianismo y un “social-liberalismo” que renunciaría al laissez faire.

Keynes había sido cuestionado por las crisis inflacionistas del petróleo de 1973 y 1979 y por la “revolución conservadora” de Margaret Thatcher (1979-90) y Ronald Reagan (1981-89), quienes «promovieron […] bajos impuestos, reducciones del gasto social, todo el poder al mercado, máxima libertad para la iniciativa privada y constantes restricciones a la actividad del sector público» (El País, 8 de abril de 2013).

En 1981 François Miterrand ganó las elecciones en Francia y el Partido Socialista procedió a “reconvertir” o cerrar minas, como ya lo hiciera Thatcher en Gran Bretaña, provocando una protesta y una frustración social que llevó a muchos franceses, defraudados con el “socialismo”, a refugiarse en un nacionalismo que, equiparando las causas de sus problemas, recogía “agraviados” de distintas clases sociales. Es en este contexto cuando el Frente Nacional de Le Pen saltó del 0,2 % de los votos (1976-1981) al 9,8% (1986), escalando hasta el 13,2% en las elecciones de 2017. Una minoría “suficiente” para ser tenida en cuenta por las formaciones que compiten por las mismas bases sociales.

Cuando Felipe González ganó las elecciones en 1982 con el lema “Por el cambio”, influido por el modelo económico de la socialdemocracia francesa, procedió a poner en marcha su propia “reconversión industrial” (1985).

Giddens, ante la crisis de una socialdemocracia que acercaba posturas económicas a los conservadores, convirtiendo el liberalismo en el “centro” político de las sociedades capitalistas, en lugar de proponer una significativa alternativa al modelo neoconservador de Thatcher, formuló una nueva especie política en su libro La tercera vía: la renovación de la socialdemocracia (1998). Como asesor de Tony Blair, primer ministro del Reino Unido entre 1997 y 2007, que deseaba consolidar las tendencias “liberales” en el Partido Laborista británico, y, para ello, buscó en la Condición de Samuelson, un sustituto a la identidad económica que les había ofrecido la Teoría de las Demandas Agregadas de Keynes hasta el momento. Un distingo, aunque liberal, frente al liberalismo “conservador”, pues sin distingo solo existiría una única oferta electoral.

La influencia de Giddens como asesor de Blair llevó a que éste bautizara su programa político, ya antes de la publicación del libro del sociólogo, como “the third way” [la tercera vía]. Ambos sentaron las bases de un pensamiento que permitió colaborar, sin contradicciones aparentes, con el “liberalismo conservador” del espectro político. Aznar y Blair coincidieron hasta el punto de formar con George W. Bush “el trío de las Azores” para la guerra de Irak. Gerhard Schröder, canciller alemán del SPD entre 1998 y 2005, imitó el procedimiento.

Norberto Bobbio (Derecha e izquierda, 1994), sobre esto, sostiene: «Entre el blanco y el negro puede estar el gris; entre el día y la noche está el crepúsculo. Pero el gris no reduce en lo más mínimo la diferencia entre el blanco y el negro, ni el crepúsculo la diferencia entre la noche y el día […]. No afecta en absoluto a la antítesis original, puesto que, al contrario, el centro, definiéndose ni de derecha ni de izquierda y no pudiéndose definir de otra manera, la presupone y extrae de su existencia la propia razón de ser […]. En la práctica, una política de tercera vía es una política de centro, pero idealmente ésta se plantea no como una forma de compromiso entre dos extremos, sino como una superación contemporánea del uno y del otro y, por lo tanto, como una simultánea aceptación y supresión de estos».

La disputa por el centro

En esta línea, en 2007, el año que comenzó la crisis, Rosa Díez, tras abandonar el PSOE, anunció la creación de UPyD, un partido “social y liberal”, señalando que su formación no era «ni de derechas ni de izquierdas». Y, en 2011, el año del 15M, Zapatero, quien, tiempo atrás, calificó su programa de «socialismo libertario» (El País, 20 de marzo de 2004), aseguró en el debate sobre el estado de la nación que su gestión no había sido «ni de izquierda ni de derechas». Aquel año, Mariano Rajoy, con el lema “Súmate al cambio”, y con un récord de 186 escaños, ganó unas elecciones que Zapatero, encendiendo las suspicacias, convocó para un 20N. Desde entonces comenzó una caída de votos tanto para el PSOE como para el PP.

En el PP, algunos de sus “líderes de opinión”, y del partido, lo han achacado a la falta de una posición ideológica más clara y definida (“El PP entierra la tecnocracia de la era de Rajoy”, economiadigital.es, 19 de enero de 2019. “¿Un PP tecnócrata o liberal conservador?”, elespanol.com, 26 de junio de 2018), aunque otros, ante el fracaso de Casado, le culparon por su alejamiento del “centro”. Otro tanto podría decirse del péndulo ideológico que suele experimentar el PSOE.  

Para el filósofo Gustavo Bueno, «entre 1789 y 1989 […] la oposición derecha-izquierda comenzará a utilizarse como una oposición dualista (metafísica, mítica) entre las dos mitades o hemisferios que se suponen constitutivos dialécticamente del sistema de referencia, por ejemplo España […]. La derecha [se habría constituido] como reacción del Antiguo Régimen ante los ataques de las izquierdas», y se habría enfrentado «a la primera izquierda jacobina (a Napoleón)». (El mito de la derecha …). «En las Cortes de Cádiz no hay derecha e izquierda […]. Y, sin embargo, hay un dualismo, el Anticristo frente a los cristianos. Napoleón es el heredero de Voltaire, es el Anticristo […] liberal frente al integrista. El liberalismo es pecado de Pío IX» (entrevista en La Nueva España, 19 de octubre de 2008). Esto, según expone en su libro, habría supuesto una «contradicción entre la Guerra de la Independencia y la Revolución española. Dios o el género humano como fuentes del poder político soberano» y la posterior «transformación de la izquierda liberal española en derecha tradicional» y en «derecha liberal».

Para Bueno, como declaró en la citada entrevista, «el viejo mito de la izquierda y de la derecha, del bien y del mal, de la luz y de la oscuridad, de Cristo y del Anticristo se resucitó frente a Aznar. El dualismo maniqueo lo entiende la gente en seguida y es peligrosísimo». Pero también afirmó: «El liberalismo […] tiene sentido político al proponer menos Estado […], una idea de Bluntschli, teórico de los partidos, traducido por Perojo a finales del XIX. Los partidos como parte de un todo que es el Estado. Están enfrentados entre sí, pero dentro del todo común e irrenunciable […]. La ley orgánica de 2002 dice que los partidos forman la voluntad nacional política y pertenecen a la arquitectura de la estructura del Estado».

La defensa del Estado, o “todo común” de los partidos, es el punto de encuentro que les permite aspirar al “centro” desde ambos lados del espectro político sin serias contradicciones. Y es la lucha por el “centro” lo que permite romper el techo de votos en una sociedad desclasada. Así, el PP y el PSOE suelen anunciarse como “centristas” sin renunciar a la coletilla de derecha o izquierda que les permite diversificar el voto –el riesgo, diría un empresario– y diferenciar la oferta electoral. 

Desde el año 2011, la designación de Gobiernos tecnócratas en Europa intensificó la apelación al “centrismo” como una forma de legitimarlos, puesto que tampoco se reconocen ni de “izquierda” ni de “derecha”. Pero, a partir de las elecciones de 2015, cuando pareció materializarse el derrumbe del bipartidismo en nuestro país, por un lado, líderes de un mismo partido ofrecieron indistintamente discursos de “centro” o de “izquierda” y “derecha” según el caso; y, por otro lado, como en la farsa del poli malo y el poli bueno, algunos partidos se han acercado electoralmente ofreciendo mensajes diferentes para diferentes votantes, lo que les permite, usando un símil empresarial, «discriminar precios», pues cada formación podrá alegar que no defiende lo que no sea aceptable para sus votantes, mientras pactan con quien sí lo hace. Estas maniobras, junto a los falsos debates de identidad, niegan la cuestión de la verdadera pluralidad de la oferta electoral y ocultan la realidad de las necesidades y mentalidades existentes en la sociedad, que son ignoradas si no tienen proyección para el Estado.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies