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En esta epoca crucial para España, ¡Orad por España!

Angel Caído

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, en una entrevista recogida por Europa Press, manifiesta sentir “inquietud” ante la formación de un Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos; atisba “un futuro incierto” y pide estar “muy alerta” para que se mantenga la clase de religión y los conciertos a los colegios (business is business). Afirma en dicha entrevista que “la situación actual, a mí me produce mucha perplejidad y un horizonte muy incierto. Yo pido al Señor que acierte en la formación del Gobierno y después en la gobernación diaria del Gobierno ya constituido, pero tengo inquietud“.

Para el presidente de la Conferencia Episcopal, en España existen “cuatro o cinco partidos de ámbito nacional con consistencia“, pide recuperar el “espíritu” de la Transición y espera que no se formen bloques (lo de Vox, PP y Ciudadanos debe ser la reencarnación del Espíritu Santo). “Pediría que el espíritu de la Transición, que es de diálogo, de confianza recíproca, de reconciliación, no se olvide, porque si no, es muy difícil poder convivir los distintos” (imagino que se referirá al “dialogo” que en el período de la transición permitió la firma del concordato con la Santa Sede en términos tan favorables a la iglesia católica). Sí señor Blázquez, pediremos al Gobierno diálogo y que tome como ejemplo el que la Iglesia ha mantenido con los que han sufrido las prácticas pederastas de sus curas.

Por otra parte, en una carta a toda la diócesis de Valencia, de fecha 4 de enero, el arzobispo Antonio Cañizares Llovera afirma que “nos encontramos en España con una situación crítica, de verdadera emergencia”.

En una charla con un “señor muy importante de España, de gran sabiduría, lucidez y experiencia”, cuya identidad no desvela, le preguntaba el arzobispo “¿Qué podemos y debemos hacer los cristianos, la Iglesia?“, a lo que éste “señor” le respondía con toda sinceridad y sentido católico de la vida: “que testimonie a Jesucristo, en obras y palabras […] para construir un mundo nuevo con hombres y mujeres nuevos, con mentalidad nueva, una España nueva, que esto cambiará el mundo y nuestra España” (¿sería este señor importante la reencarnación de Durruti? Libertarios alerta).


En estos tiempos de secularización y de eclipse de Dios […] es tiempo de oración […] la renovación y edificación de nuestra España [no] serán posibles si no oramos. Todos debemos orar […] Es preciso, absolutamente necesario, como nos dice Jesús, orar en todo tiempo y no desfallecer […] por eso pido encarecidamente y me pongo de rodillas … [para que] mientras no se aclare el futuro incierto que vivimos ahora en España […] en todas las Iglesias se […] eleven oraciones especiales por España […] La situación urge y apremia […]”.


OS LO REPITO: ORAD POR ESPAÑA. ¡Gracias a todos!

Si señor arzobispo, nosotros también tenemos miedo, miedo de que, al final, como siempre, con gobiernos de derechas o de izquierdas, todo siga igual, pero más igual para unos que para otros, para los de siempre. Por eso, me he tomado la libertad de seguir su consejo, y rezar a su Dios para que algún día la asignatura de religión sea de carácter voluntario para los estudiantes, sin que haya una asignatura alternativa ni la nota sea computable a efectos académicos. Para que sólo adoctrinen a aquellos que quieran se adoctrinados.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, se recuperen los bienes inmatriculados (inscritos en el Registro de la propiedad) indebidamente por la Iglesia.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, la Iglesia católica no esté por encima de la Ley, ni disfrute de privilegios que atentan contra el principio de legalidad y de igualdad. Por un Estado aconfesional real.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, se blinde la educación pública como eje vertebrador del sistema educativo. Si, ya sé, eso va en contra del negocio, pero usted ya sabe, los rojos no tenemos conciencia.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, no se sufraguen con fondos públicos a los colegios concertados que no garanticen la inclusión y la eliminación de la segregación escolar por las condiciones de origen de los estudiantes, por sus necesidades educativas especiales o por sexo.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, se garantice la gratuidad real y efectiva de la educación obligatoria, libros, material escolar y comedor, durante todas las etapas para familias en situación de vulnerabilidad socioeconómica; así como a potenciar la educación afectivo-sexual dentro del sistema educativo, conforme a un enfoque de derechos, de igualdad y libertad.

Voy a rezar a su Dios para que, algún día, se revise el papel de la mujer en la Iglesia. Es el propio Instrumento de trabajo preparatorio del Congreso de Laicos 2020, promovido por la Conferencia Episcopal Española, que se celebrará del 14 al 16 de febrero en Madrid, el que advierte del “escaso protagonismo de la mujer” en la Iglesia. Este texto, Instrumentum Laboris, recoge las aportaciones de 2.485 grupos, integrados por más de 37.000 personas, de toda la geografía española.

Dios es Amor“, repiten insistentemente los católicos. “Dejad que los niños se acerquen a mí”, se puede leer en las escrituras que dijo Jesús. Pero ¿se ha entendido bien este mensaje en el seno de la Iglesia? En el citado Instrumento se pide que, como Iglesia, “se reconozcan los pecados de algunos de sus miembros en lugar de ocultarlos” y se “comprometen a sanar las heridas por ellos provocados“, en referencia a los “graves escándalos de abusos (sexuales, económicos, de poder o de conciencia)”.

Sí ya sé que algunas de estas propuestas figuran en el acuerdo de gobierno PSOE-UP y esos les produce “alerta”, pero no se preocupe, la España profunda, la España rancia, la España católica-integrista, ya está en pie y no pararan hasta evitar los cambios y, si es necesario, derribar el gobierno que se forme. No importan los medios ni las consecuencias. España (su España, no la nuestra), es lo primero. La España cuartelera, la de las banderas, las cuentas en paraísos fiscales y la España fratricida.

Podríamos seguir “dialogando” sobre muchos más temas, pero voy a seguir su ejemplo. Me marcho a rezar a ese Dios suyo para que, con toda modestia, tenga en su mente mis palabras cuando decida “intervenir” en los asuntos terrenales.

Finalmente, y para no extenderme más, les felicito por lo bien que marcha el “negocio”. Según datos de la última memoria de actividades de la Iglesia Católica, han tenido un superávit de 16 millones de euros en 2017. Claro que, en parte, se ha debido a que el 80% de las diócesis no gastó todo su presupuesto, dejando sin gastar 16 millones, un 1,7% del total. “Ha habido una austeridad en el gasto“, ha explicado el responsable económico de la Conferencia Episcopal, Fernando Jiménez Barriocanal. (¿Será porque no hay labores asistenciales que realizar?). Y es que, a la labor asistencial, las diócesis destinaron 55 millones de euros, el 6,1% de sus ingresos. Es lo que se gasta, por ejemplo, en albergues o comedores diocesanos. Tremendo esfuerzo por socorrer a los necesitados.

En definitiva, señor arzobispo, estoy totalmente de acuerdo con Vd. cuando afirma en su carta “lo que digo no es ni retórica ni dramatismo estéril. Es así y no hay que darle vuelta, hora crucial y de emergencia”.

Teatro anarquista: The Living Theatre

Loba López

Cuando se menciona en cualquier estudio, memoria o análisis académico el término «teatro libertario» salen a relucir diferentes formas de observar esta realidad. Por un lado están los que ponen como ejemplo textos dramáticos que tratan esta ideología o  el personaje principal es anarquista o se refleja un momento histórico donde hay algún suceso relacionado. Por ejemplo: Muerte accidental de un anarquista de Dario Fo (su ideología unida a su obra sería contenido de otro artículo).

Por otro lado, hay autores que, por los temas que tratan en su obra y la forma de enfocarlos, son muy apreciados por los círculos libertarios. Este es el caso de Henrik Ibsen, autor considerado anarquista por sus obras dramáticas de crítica  a la burguesía del momento y muy influyente en el teatro moderno, impulsor del teatro social y político, con numerosas obras que aún hoy se siguen representando por todo el mundo. Suyos son títulos como Casa de muñecas, Peer Gynt, Un enemigo del pueblo, etc.

El caso que nos ocupa es el paradigma de grupo de teatro libertario, tanto por el contenido de sus montajes como por la forma de llevarlos a cabo. Se trata del Living Theatre, la compañía de «arte vivo»más antigua, creada en 1947 en Nueva York por Judith Malina (Kiel, Alemania, 1926-2015) y Julian Beck (Nueva York, 1925-1985). 

Julian Beck fue pintor y poeta, artista comprometido y de fuertes convicciones pacifistas. Conoció a Judith Malina, actriz que había sido alumna de Edwin Piscator, influida por las teorías teatrales de Vsévolod Meyerhold y Bertolt Brecht.

Pronto se unieron para crear una compañía de teatro, y comenzaron a reflexionar sobre cómo llevar a cabo la transformación del mundo. Judith leyó un artículo sobre anarquismo en una revista política y enseguida identificaron sus creencias y su forma de vida con esta corriente. A partir de ese momento difundieron su ideario a través de su obra y su actitud ante el mundo.

Juntos siguieron un camino diferente al del teatro burgués, innovando en el concepto de representación. 

El nombre Living Theatre se debe a que en sus primeros tiempos actuaban en el salón de su casa, ya que una de sus máximas era la de la ruptura total de los convencionalismos del teatro imperante. Defendían la idea de que el teatro es como la vida y que, como tal, puede ocurrir en cualquier espacio.

Los textos van creándose a partir de un trabajo colectivo donde se desarrollan las ideas y se van sacando los temas a través de ejercicios de improvisación. Además, los componentes del Living Theatre no representaban ningún personaje sino que hacían su propio papel partiendo de ellos mismos, liberando su cuerpo y su voz en una ceremonia con influencias del teatro oriental,  cuyo fin era transmitir sus ideas políticas y sociales y conseguir que el público asistente cambiase sus vidas.

En 1959 estrenaron una obra, The Connection, de Jack Gelber, en la que los personajes representaban a un grupo de heroinómanos que esperaban a su proveedor. Lo cierto es que algunos de los actores estaban representados por drogadictos reales y pedían su dosis al público, interactuando con él, algo inusual en esa época.

Teatro de protesta y crítica social

En los años 60 y 70, Estados Unidos estaba inmerso en un clima político y social convulso: luchas raciales, persecuciones ideológicas, la guerra de Vietnam, el movimiento hippy, etc. En este caldo de cultivo, el teatro se hizo más experimental, dejando a un lado su función de espectáculo para adentrarse en la protesta y la crítica social. El Living Theatre representa el espíritu de aquellos años mejor que ninguna otra compañía porque vivía con los mismos ideales que defendía en sus representaciones.

En 1963 estrenaron The Brig  de Kenneth Brown, una de las obras más emblemáticas de este grupo. La obra narra una jornada en un bergantín de la Marina en el que tienen recluidos a un grupo de marines. El texto describe la violencia, humillación y trato vejatorio a que son sometidos estos prisioneros.

Para llevar a cabo este montaje se recluyeron diez actores que interpretaban a los prisioneros y cuatro más a los guardias, y se sometieron a un procedimiento de ensayos inspirado por el propio reglamento de la Marina de Estados Unidos. Malina escribió detalladamente este proceso en un cuaderno de ensayos que se publicó junto con el texto de Brown.

Este espectáculo tuvo una gran repercusión: se llegaron a hacer más de 600 representaciones y una gira por Europa. Su trascendencia fue tal que los congresistas John Lindsay y Ed Koch, del Partido Demócrata, exigieron que se investigaran las condiciones de estos centros de reclusión.

Esto no gustó al sistema político del momento. El Living Theatre fue acusado de delitos fiscales y se ordenó el cierre del local. Cuando la policía entró para desalojar el inmueble, la compañía se encerró en el escenario y allí estuvieron resistiendo con la ayuda de la gente que les llevaba comida y permanecía fuera protestando. Finalmente fueron evacuados y fueron arrestadas 25 personas. Posteriormente, en el juicio se desestimaron los cargos, aunque Judith y Julian fueron condenados por desacato al tribunal.

Después de varias semanas en la  cárcel, en 1964 decidieron exiliarse a Europa. Las autoridades estadounidenses se quitaban de encima a un grupo de personas que cuestionaban el principio de autoridad, practicaban el sexo libre, tomaban drogas, se declaraban abiertamente anarquistas e influían de manera determinante en los y las jóvenes.

En Europa estuvieron viajando como una comuna libre, recorriendo sobre todo Alemania e Italia. Fue en estos años donde tomaron conciencia del grupo como  colectivo y comenzaron a actuar como tal: colectivizaron todas las tareas, anularon las jerarquías e igualaron las retribuciones económicas. 

Alcanzar el verdadero paraíso

Después de cuatro años decidieron volver a Estados Unidos en 1968. A su regreso, montaron Paradise Now, la más emblemática de sus obras, fruto de un proceso de ensayos en los que había largas sesiones de lecturas de textos orientales, meditación, yoga, consumo de drogas y mucho ejercicio físico. El resultado fue un espectáculo de más de cuatro horas en el que se intentaba convencer a los espectadores de que debían de romper con el estatu quo, liberarse y llegar al verdadero paraíso. Para lograr la revolución, primero habría que transformar al individuo despertando su conciencia.

Con Paradise Now volvieron de gira por Europa en 1968. Coincidieron con el Mayo francés, en el que su obra fue emblema de las revueltas estudiantiles, y más tarde fueron contratados por el Festival de Aviñón, de donde finalmente fueron expulsados por escándalo público, ya que su espectáculo se ensayaba en la calle, haciendo partícipes a los viandantes y mostrando abiertamente escenas de sexo, textos políticos y consumo de drogas.

Cuando volvieron a su país, fueron duramente criticados por la prensa. Abatidos por todos estos acontecimientos y por la aparición de una fractura que comenzaba a romper el grupo, decidieron separarse en células. A principios de 1970,  Judith y Julian mantuvieron el nombre de Living Theatre y se instalaron en París, donde llevaron a cabo numerosas acciones de teatro de guerrilla. 

A mediados de este mismo año, viajan a Brasil, donde se vivía una terrible dictadura con Emilio Garrastazu Medici,  con la misión de ayudar a los  más humildes a romper sus cadenas y liberarse del yugo del dictador. Desgraciadamente no fueron comprendidos por el pueblo brasileño y tuvieron que regresar después de que fueran acusados de tenencia de drogas y recluidos en cárceles brasileñas durante algunos meses, de donde fueron liberados gracias a la campaña de protestas que se hicieron tanto en Europa como en Estados Unidos.

El Living Theatre siguió su carrera sin modificar un ápice su estilo, su forma de hacer teatro. Julian Beck, ante el peligro de que el éxito les fagocitara, escribió:

 «El Living Theatre se ha convertido en una institución, unos treinta y cuatro adultos y nueve niños: una situación impracticable. Las instituciones están hechas por el éxito y nuestro éxito nos hace depender de los ingresos que recibamos de ser una institución. Depender del dinero de las entradas de los grandes teatros. Haciendo que tuviésemos éxito, la sociedad nos ha hecho depender de su sistema. Todo lo que hemos aprendido durante los años de nuestro espléndido exilio juntos, vagando de ciudad en ciudad representando obras, caravana de gitanos, actores errantes en tiempos famosos, todo lo que hemos aprendido del viaje de Paradise Now nos ha llevado a este momento (…) el Living Theatre como proyección de una comunidad anarquista (que es sólo un proceso de devenir) tiene que cambiar. 1969: la decisión de disolverse y reformarse, en células, para ir al encuentro de nuestras propias necesidades y de las necesidades de la época» (*).

Julian Beck murió en 1985.  Judith continuó, junto a su nuevo esposo y miembro de la compañía, Hanon Reznikov, dirigiendo el Living Theatre y la escuela que habían creado y que sigue existiendo en la actualidad. En 2008 murió Hanon, y Judith Malina en 2015.

Lamentablemente, nadie se acuerda ya de este grupo de «locos» que revolucionaron el teatro desde los años 50 del pasado siglo y que fueron absolutamente coherentes con su forma de pensar y de vivir. El teatro contemporáneo no podría ser como es sin la influencia de estos artistas que no tuvieron miedo de intentar cambiar el mundo, cambiando primero ellos, haciendo su propia revolución personal.

(*) BECK, J., El Living Theatre, Fundamentos, 1974, pág. 255.

Jardinería de subsistencia

Parque Pozo de las Nieves

Silvestre

La jardinería siempre ha estado vinculada a las clases dominantes. Los jardines se construían en los palacios, pazos, cigarrales, quintas, etc. Su uso y disfrute estaba restringido a la nobleza y la alta burguesía. A mediados del siglo XIX se empezaron abrir estos espacios, que hoy denominamos jardines históricos, a la ciudadanía: el Retiro se cedió a los madrileños en la I República, y la Casa de Campo en la II República. La titularidad de muchos jardines históricos sigue siendo privada, aunque todo el mundo, en la mayoría de los casos, pueda usar estos espacios y disfrutarlos.

Es a mediados del siglo XIX cuando las clases dominantes ven la necesidad de mejorar las condiciones de vida en las ciudades y se empiezan a construir los primeros jardines públicos. Pero no es hasta los años 60 del siglo pasado cuando empiezan a hacerse los parques públicos que hoy en día conocemos en nuestras ciudades. Los núcleos urbanos próximos a las grandes ciudades se convirtieron en pueblos residenciales (de un estrato social alto) y en ciudades dormitorio, con una clase predominantemente obrera que demandaba unas condiciones de vida dignas. Los recursos públicos eran escasos y no existían, prácticamente, zonas verdes.

Estos espacios se circunscribían a algunas plazas y a pequeños parterres que estaban ajardinados en algunas manzanas de los municipios. Por regla general, estos jardincillos los plantaban los vecinos y se encargaban, directa o indirectamente, de su cuidado. Todos estos espacios no solían sobrepasar los 150 metros cuadrados y seguían un patrón parecido: en la mayoría de los casos, delimitados por un seto de aligustre,  algunos rosales, arbustos caducifolios (lilos, celindos, etc.) y plantas que traían los vecinos de sus pueblos. Hasta finales del siglo pasado, los residentes de esos municipios se preocupaban por su cuidado; había un compromiso, por parte del vecindario, de mantener estas zonas que hoy en día ha desaparecido.

Reducir costes de mantenimiento

Cuando las Administraciones locales se hicieron cargo de estas zonas tomaron la decisión de eliminar gran parte de las labores de mantenimiento para limitarse, casi exclusivamente, a automatizar el riego, segar, recortar, perfilar y limpiar; es decir, unos pocos trabajos que no requerían mano de obra especializada (jardineros). Lo primero que hicieron fue suprimir los setos, quitar los parterres de flores (había que quitar la hierba  y cavar la tierra a mano), los arbustos, los que no fueron cortados, mutilados sin importar la floración, ni la fructificación. De esta forma reducían costes en el mantenimiento. Con unos pocos operarios, que no necesitaban tener conocimientos del oficio de la jardinería, y unas pocas máquinas se podían llevar a cabo las labores de conservación de estos parterres.

Este hecho se ha generalizado en la conservación de las áreas verdes de los municipios. Tristemente, la jardinería se ha industrializado. En la mayoría de los casos, los departamentos de parques y jardines van a la reducción de costes en los mantenimientos de las áreas verdes. No tienen en cuenta el incremento de la biodiversidad, la participación vecinal, el empleo de jardineros que supone un mantenimiento adecuado, la calidad frente a la cantidad. ¿De qué sirve tener muchos metros cuadrados en mal estado, árboles que no tiene superficie foliar y arbustos sistemáticamente recortados sin importar la especie? Puede que este tipo de jardinería que no tiene en cuenta a la ciudadanía, que no demanda jardineros cualificados, donde las diferencias de mantenimiento entre las zonas verdes de las áreas ricas con las pobres son abismales, conlleve un desapego ciudadano por el estado de conservación de las zonas verdes.

Mi libertad está en las suelas de mis zapatos

Katerina Gogu

Traducción del griego y comentario de Yanis Merinakis

Mi libertad está en las suelas

de mis zapatos vagabundos.

Pongo el mundo patas arriba.

Puedo dar un garbeo 

a la hora que me plazca.

P. ej., a la hora en que depositáis vuestras dentaduras

en el vaso de agua antes de dormir

a la hora en que folláis

a la hora en que cumplís vuestras obligaciones

con vuestros hijos

con vuestra asociación

a la hora en que os han metido la idea

de que coméis salsa de huevo con limón

y coméis mierda

Y puedo caminar con mis zapatos vagabundos

sobre vuestros techos

–no como Mary Poppins, aquella

tonta de la escoba, chaval–

no cogéis mi canal

solo quienes tenemos la misma longitud de onda

gentuza cagona en el fondo lo siento

pero ahora no pierdo el tiempo con vosotros

no quiero tener nada que ver con ninguno de vosotros

vuestra libertad

está en las suelas de mis zapatos agujereados

llegará el momento en que los lameréis

y aullaréis llorando «milagro, milagro»

estos zapatos

nunca descansan ni tienen prisa

cuando termine aquí

se los pondrá Pavlos, Mirtó, calzamos el mismo número

no se gastan por muchas tachuelas que arrojéis en el camino

os golpean en mitad de la frente

llegará la hora en que corráis desesperadamente al limpiabotas

«compañeros de camino» y «desertores»

a lustrar los vuestros

pero el color

no agarrará

hagáis lo que hagáis, por mucho que paguéis

ese rojo maldito es nuestro rojo.

La libertad personal depende de uno mismo. Caterina Gogu la identifica líricamente con las suelas de los zapatos, rotas por el uso y los kilómetros de vagabundeo. Siempre están caminando, porque son universales, sirven a todos los que comparten cosmovisión revolucionaria (calzan el mismo número) y eternas: resisten impertérritas losconstantes atentados que pretenden acabar con ella (las tachuelas). Esos zapatos no son solo metáfora del propio albedrío y la iniciativa autónoma, sino también símbolo del combate y la batalla permanentes: pegan en la frente, constantemente, sin pausa.

Representan la herramienta de lucha (probablemente la ideología) que transforma el mundo (lo pone patas arriba). Mientras el resto de personas lleva una vida cotidiana saturada de rutinas y obligaciones (dormir, aparearse, criar, relacionarse, comer), la protagonista obra a su voluntad libre de compromisos. De modo que se denuncia el fraude de la vida convencional, provocado por la estafa de la doctrina dominante del bienestar social (os han metido la idea). 

A partir de ese momento, el poema adquiere una actitud muy combativa, agriada por un tono de amonestación persistente, que empuja al conjunto de la composición hacia el territorio menos sutil del panfleto. Una toma de postura tajante, que no admite matices, establece claramente dos campos: el de la libertad y el del sometimiento de quienes han renunciado a ella. Nuestra protagonista (y quienes, como ella, se han calzado zapatos vagabundos) asume con cierta arrogancia la liberación de los otros (vuestra libertad está en las suelas de mis zapatos). Hasta el punto de permitirse expedir patentes revolucionarias (nuestro rojo). Tan desesperanzada está que no puede soportar más ni seguir sacrificándose.

Ese tono de reproche surge de la urgencia que imponen el paso inexorable del tiempo y la pertinacia de una realidad que se resiste a ser transformada. Ya no está dispuesta a perder el tiempo y rompe cualquier relación con quienes, por cobardía (gentuza cagona), renuncian a su libertad. Ella vive en otra realidad que solo comparten sus compañeras. La mayoría, que no comparte longitud de onda, que no sintoniza el canal, ya no es la destinataria de versos persuasivos, sino de orgullosos reproches sin esperanza. Esos terminarán lamiendo los zapatos que desprecian.

Ya no hay fe en el apostolado. Ni siquiera entre antiguos correligionarios, que fueron en otro tiempo compañeros de camino, a quienes considera desertores. El rojo revolucionario no agarrará en esos zapatos cómodos. Los zapatos rojos están hechos para caminar por sendas incómodas.

AlTajo enero número 16

La paradoja de la equidistancia

La disputa por el nombre de las calles en la actualidad es una polémica que ya vivieron los primeros ayuntamientos democráticos. En 1977, por ejemplo, Falange (Auténtica) se oponía al cambio de nombre de la calle de José Antonio Primo de Rivera, de Bilbao, para no «abrir viejas heridas», como si considerasen que la dictadura fue un bálsamo y no la herida reciente. Y en Fuenlabrada, en 1979, el Gobierno civil intentó anular el acuerdo unánime del pleno sobre el cambio de nombre de las calles que homenajeaban a protagonistas de la dictadura. En las calles donde convivimos, el ágora donde la participación ciudadana adquiere carta de naturaleza, solo debería rendirse homenaje a las víctimas, que todos reclaman para sí, y no a los verdugos, en los que nadie se reconoce. 

Por su parte, el historiador Stanley G. Payne (¿Por qué la República perdió la Guerra?, 2010), aun reconociendo que en la zona republicana «es cierto que no fue planificada desde el Gobierno (…) puesto que no había una fuerza hegemónica única» y «en la zona nacional la represión fue controlada y dirigida en todo momento por los militares», defiende que «los apologistas de izquierda siempre han intentado establecer una distinción (…) la represión de la izquierda fue descentralizada, espontánea y asociada a organizaciones marginales» y «la represión de la derecha fue mucho más organizada, centralizada e implacable». Preguntado en una entrevista sobre esta ley, reconocía que «habría que distinguir entre los aspectos humanitarios y arqueológicos, y el aspecto político. Aquellos son deseables y justos; éste es un intento partidista de falsificar la Historia». 

La Ley de Memoria Histórica de 2007 no ha gustado a todos, y en muchos ayuntamientos su aplicación ha sido tímida, cuando no problemática, produciéndose algunos casos de deformación esperpéntica de la historia. El de Sevilla, por ejemplo, fue denunciado al sustituir el nombre de la calle de José María Osborne. Según Francisco Espinosa, la sentencia, que le daba la razón al denunciante, consideraba que, antes de aplicar la ley, habría que demostrar que la concesión de la calle se produjo por ser un instigador del golpe y no por otros motivos, como podrían ser en este caso las referencias asociadas al nombre en cuestión como «bodegas, vino, toros, etc.». Espinosa concluía, con sarcasmo, que se «podría recuperar el nombre de Franco en relación con sus actividades artísticas o cinegéticas».

La equidistancia mostrada por otros no es menos artificial. En 2006, antes de la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia organizó el Congreso Internacional II República y Guerra Civil. Setenta años después, continuación del celebrado en 1999 por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Entre los motivos para celebrarlo que la prensa reseñó estaban «las nuevas tendencias de revisionismo histórico que parecen estar reviviéndose entre algunos sectores de la clase política». El padre Ángel David Martín se quejó de que «se habla de genocidio, de exterminio, como si fuera un debate que siempre estuviera abierto, y como si fuera sólo un bando el que hubiera sufrido». 

Un programa de terror y aniquilación

En ambos bandos, según Santos Juliá, coordinador de la obra Víctimas de la Guerra Civil (2005) hubo quien apoyó la violencia «como gran partera de la historia». Pero fue el bando nacionalista, según Paul Preston, el que diseñó un «programa de terror y aniquilación», que califica de «inversión en terror». En su obra El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra civil y después (2011) sostiene que los asesinatos del bando «nacional» buscaban aplicar un «terror ejemplar», del que ya tenían comprobada su eficacia en la guerra colonial. Con este, pretenderían «subyugar por medio de una violencia fulminante e intransigente» al adversario. Defiende que «por contraste, la represión en la zona republicana (…) se trató de una reacción espontánea y defensiva al golpe militar, que se intensificó a medida que los refugiados traían noticias de las atrocidades del Ejército y los bombardeos rebeldes».

Preston recoge las palabras del general Emilio Mola que hablaba de «sembrar el terror (…) eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros». En las instrucciones que Mola envió al general Yagüe, quien mandó la «columna de la muerte» que ejecutó la matanza de la plaza de toros de Badajoz, advertía: «El movimiento ha de ser (…) de una gran violencia». Y afirmaba: «La guerra tiene que terminar con el exterminio de los enemigos de España”. «Exterminio total y absoluto», le dijo a su secretario. Franco, por su parte, ante la pregunta del periodista Jay Allen «¿significa esto que tendrá que matar a media España?», respondió: «He dicho cueste lo que cueste». Esta «violencia institucionalizada» habría producido al menos 130.199 asesinatos, según Preston, y aproximadamente 150.000 según Julián Casanova, con los datos disponibles durante sus investigaciones.

El debate sobre la violencia «institucional» en la zona republicana se ha saldado desigualmente, pero solo ha aportado documentos de interpretación circunstancial y sembrado dudas plausibles sobre el caso de la matanza de Paracuellos, sin zanjar el asunto con pruebas explícitas, y sobre algún otro caso puntual. Sintomática es la crítica a César Vidal de Ian Gibson (en el prólogo a la segunda edición en 2005 de Paracuellos: cómo fue, 1983) y Ángel Viñas (El escudo de la República: el oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937, 2007) que «han señalado que una cita que incluye en Paracuellos-Katyn. Un ensayo sobre el genocidio de la izquierda (2005) (…) atribuida a la edición del 3 de noviembre de 1936 del diario madrileño La Voz (…) no existe»: «Hay que fusilar en Madrid a cien mil fascistas camuflados, unos en la retaguardia, otros en las cárceles. Que ni un quinta columna (sic) quede vivo para impedir que nos ataquen por la espalda. Hay que darles el tiro de gracia antes de que nos lo den ellos a nosotros».

Por último, no menos esclarecedor es el uso unánime por historiadores y propagandistas del término «checa», independientemente del origen del vocablo, para toda cárcel no institucional de partidos o sindicatos sólo en zona republicana. Se reconoce, así, toda prisión o campo de concentración en la zona franquista, de los que salían las sacas, como institucionales. 

Julio Gil Pecharromán, por su parte, ha sostenido: «En la práctica, la República fue desbordada al inicio de la guerra por la movilización popular y perdió el control del poder público». En esta línea, Preston, quien rechaza que se pueda hablar de una «historia de la equivalencia», asegura que la mayoría de las matanzas en la zona republicana se llevaron a cabo antes de terminar diciembre de 1936. En esta zona las condenas a los asesinatos, publicadas en la prensa, fueron inmediatas, e intentaron identificar los cadáveres que aparecían tras los «paseos» –eufemismo para referirse al secuestro cuya finalidad era el asesinato–.

En la zona «nacional», en cambio, la Administración protegió el anonimato de los asesinos, a pesar de que en lugares como Pamplona y Valladolid «las ejecuciones al amanecer atraían a multitudes (…), y con ellas surgían los puestecillos de chocolate caliente con churros», como asegura Paul Preston. El obispo de Ávila dio instrucciones a los párrocos para que no inscribiesen la causa de la muerte de los cadáveres tirados en el campo. En Soria los requetés obligaban a las viudas a declarar que sus maridos estaban desaparecidos. Y Queipo de Llano impuso a la prensa el uso de eufemismos para referirse a los asesinatos sobre los que les permitían informar, al tiempo que él mismo los usaba para incitar públicamente a la violación.

El general Cabanellas, según el poeta José María Pemán, llegó a pensar en «un decreto que prohibiera vestir de luto» a los familiares de las víctimas de ambos bandos. En un caso, «la muerte del caído por la patria» debía ser una «alegría», y en el otro, «se cortaría esa especie de protesta viva y de dramático testimonio, que (…) nos presentan (…) esas figuras negras y silenciosas que en el fondo, tanto como un dolor, son una protesta». Hubo «niños y mujeres, algunas embarazadas, que fueron asesinadas» al no encontrar a sus esposos apelando al «derecho de representación». 

Por el contrario, como resultado del esfuerzo por dejar constancia de sus propias víctimas «nacionales», pues los otros eran la «anti-España», José Luis Ledesma pudo contrastar sus cifras con las de la Causa General, y concluir que en la zona republicana se asesinaron a 49.272 personas, cifra difícilmente revisable pues se basa en las propias recopilaciones del bando vencedor que, en todo caso, tendió a incluir todas las víctimas producidas en el bando republicano, sin distinguir las que fueron fusiladas por su oposición al Partido Comunista y los que lo fueron por considerárseles quintacolumnistas o simples simpatizantes del bando franquista, dos categorías que no se yuxtaponen automáticamente, como defienden los apologetas de la dictadura.

La omisión selectiva 

En la actualidad, la Ley de Amnistía de 1977 impide juzgar todos los delitos con intencionalidad política cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo. Sin embargo, no nos obliga a conmemorar el régimen franquista. Pero durante ochenta años a unos se les ha beneficiado con el derecho a la memoria histórica y a otros se les ha escamoteado, cuando no negado. Se han querido olvidar porque si existen las víctimas existen los asesinos. En 2002, el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzosas pidió al Gobierno español, atendiendo al compromiso firmado por éste en 1991, que investigara dos casos atribuidos al régimen franquista. A día de hoy sigue habiendo muchos casos de desaparición forzosa o denuncias de secuestro de niños sucedidos durante aquel periodo que no se investigan institucionalmente. En los archivos, el derecho a la privacidad, a pesar de la impunidad garantizada legalmente, prima sobre el derecho a la verdad, y aquellos que hacen algo para dar reconocimiento a las víctimas de la dictadura son acusados «de fomentar el “resentimiento” y el “guerracivilismo”», como sucedió en 2014 cuando en Andalucía se propuso una «asesoría jurídica» para revisar las condenas franquistas. 

Alfonso Bullón, rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, cuando se inauguró el congreso mencionado anteriormente, sostuvo: «Hay tantas memorias como personas, y no se puede hablar de una sola memoria histórica». Quizá por ello Payne habla del «mito de la República» y Ángel Viñas organizó el curso «Sobre los mitos del 18 de julio». Pero el problema historiográfico no está en la pluralidad sino en la omisión selectiva. Y Viñas también coordinó a otros treinta y cuatro historiadores en una obra con un título muy revelador: En el combate por la historia. La República, la Guerra Civil, el franquismo. Surgió, según cuenta él mismo, como reacción al Diccionario de la Real Academia de la Historia, cuya biografía sobre Franco generó una gran polémica por rehuir el calificativo de dictadura al definir su régimen.

Si tratar a un dictador como tal es tomar partido o ser tendencioso, el problema no es historiográfico y tiene su origen en la política que todavía se siente directamente amenazada por el desprestigio que pueda surgir de la realidad del franquismo. Si cuestionar estos vínculos es cuestionar la Transición que los estableció, se entiende el temor en una democracia a criticar una dictadura.

Edmund Burke escribió sobre la Revolución francesa: «Para que el mal triunfe, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada». Sin embargo, entre los llamados «nacionales» hubo quien intentó protestar por los asesinatos sin éxito. El párroco de Carmona protestó, aunque no volvió a hacerlo ante las amenazas. Algunos catedráticos de la Universidad de Granada fueron fusilados al quejarse de la violencia falangista. Felipe Rodríguez, fiscal de la Audiencia Provincial de Cádiz, fue destituido por denunciar las arbitrariedades de los consejos de guerra sumarísimos de urgencia, y hasta el obispo Olaechea publicó la homilía «Ni una gota más de sangre de venganza». Fueron gestos impotentes ante la «violencia institucionalizada».

En la zona republicana, a raíz de la matanza de la Cárcel Modelo de Madrid, que llevaron a cabo algunos anarquistas el 22 de agosto de 1936, hubo personas que tomaron la iniciativa de detener los asesinatos, como el anarquista Melchor Rodríguez, que detuvo las sacas de presos que eran asesinados en Paracuellos. No fue una excepción, y sus esfuerzos, y los de otros, tuvieron más éxito al no estar «centralizada» la violencia en la zona republicana, donde se tomaron, con desigual fortuna, medidas para contener los crímenes. Entre otras, se crearon las Milicias de Vigilancia de Retaguardia.  En una guerra que Santos Juliá califica de «aniquilación del derrotado», y en la que «los causantes de la hecatombe sabían lo que hacían”, concluyendo que «la responsabilidad de (…) aquellas matanzas no puede diluirse en la cuenta de las culpas colectivas, que son de todos y, por eso, no son de nadie». La paradoja de la equidistancia está en que, tras el manto de neutralidad, que solemos confundir con la objetividad, nos aleja de la verdad, pues no todos los sujetos son o hacen lo mismo; pero la peor perversión que esconde es la de igualar a los verdugos y a las víctimas; convierte a la víctima, forzando una equivalencia, en un verdugo que no fue. Supone una perversión al plantear con normalidad un escenario histórico en el que habría sido lícito castigar a unos por los hechos que hubieran podido realizar otros con los que compartían algún rasgo o seña de identidad semejante. Hace aceptable, por lo tanto, la posibilidad del castigo colectivo, nos señala a todos como culpables anulando la idea de responsabilidad. Aterroriza pensar que la «equidistancia», como en Argentina la «teoría de los dos demonios», pudieran estar entre el argumentario de los defensores de genocidas tan cercanos como los de las guerras de los Balcanes.

Ocio alternativo

Lilith

La gente joven nos encontramos ante un panorama desagradable, ya que se nos atosiga por parte de nuestras figuras de autoridad con críticas constantes referentes a lo que hacemos o dejamos de hacer. Entre esas críticas se encuentra nuestro empleo del tiempo libre en cuanto a instarnos a mantenernos alejados de lo más temido actualmente: drogas y casas de apuestas. Es un hecho que no es algo malo que se preocupen porque no recurramos a ese tipo de cosas. Sin embargo, y pese a ello, su preocupación resulta ser inversamente proporcional con el interés puesto en fomentar una alternativa de ocio para los jóvenes, sobre todo si no está basada en el consumismo.

Esas dos asociaciones llevan un año esperando a que les sea cedido uno de los seis locales ubicados en el sótano del Farnesio.

¿Cuáles son nuestras opciones realmente? ¿Ir a las casas de apuestas, que cada vez son más y en las que cada vez piden menos el DNI a sabiendas de que tienen a menores apostando? ¿Ir a los toros? ¿Sentarnos a ver las obras? ¿Ir al próximo mitin de Vox en Aranjuez?

No hay opción, ni maneras de que se facilite el proceso de construcción de una alternativa por medio de nuestro Ayuntamiento, el cual nos prometió a las personas jóvenes espacios para desarrollarnos. Dos ejemplos que demuestran este hecho son el Consejo de la Juventud y Listen To Us, dos asociaciones de jóvenes para jóvenes financiadas por el Ayuntamiento, y cuyo declive es evidente puesto que el interés del concejal de Juventud por las propuestas que se le hicieron en su momento bajó considerablemente una vez pasadas las elecciones.

Esas dos asociaciones llevan un año esperando a que les sea cedido uno de los seis locales ubicados en el sótano del Farnesio, un espacio con el que no nos deberíamos conformar, puesto que hay que recordar que en Aranjuez disponemos (o dispone la UGT más bien) de la Casa del Pueblo.

Promesas olvidadas por el Ayuntamiento

La Casa del Pueblo es una de otras muchas construcciones desaprovechadas que podría servir ya no solamente para solucionar parte del problema del ocio alternativo, sino también para hacer honor a su nombre, abarcando así a todo el mundo que necesitara utilizar su espacio.

Otra de las promesas caídas en saco roto es referente al skatepark [parque de patinaje], pues el Ayuntamiento hizo caso omiso a un grupo de jóvenes cuyo objetivo era movilizar el cambio de lugar del skatepark del Pozo de las Nieves y la construcción de uno nuevo en Aranjuez o en el PAU de la Montaña. La propuesta fue hecha en el año 2017 y a día de hoy el único cambio llevado a cabo es la sustitución del skatepark del Pozo de las Nieves por unas instalaciones de parkour [arte del desplazamiento por el medio urbano o natural].

No pretendo mostrarme fatalista mencionando que los dos únicos medios a los que recurren los y las jóvenes en su tiempo libre son las adicciones mencionadas anteriormente. Pero sí cabe tener en cuenta las razones de su auge o de su mera existencia dada la aparición de casos en los que jóvenes alquilan locales como los de la calle Olmos para consumir. Considero que hay otras actividades que realizamos actualmente: quedar con los amigos para comer pipas sentados en los bancos de un parque, quedarse en casa viendo una película o jugando a los videojuegos. Estas actividades no pueden ser consideradas como algo malo, excepto en un caso, en el de que sean los únicos pasatiempos que se nos presentan. Por desgracia, la consecuencia es que la mayoría tengamos que recurrir a salir del pueblo para ir a lugares de interés.

Mi intención es alentar a la juventud a redirigir las fuerzas, ganas e ilusiones depositadas hasta ahora en las instituciones hacia proyectos autogestionados, siendo  conscientes de las dificultades que se le van a presentar delegar la responsabilidad de sus propuestas al Ayuntamiento, de tal manera que se asuma el verdadero trabajo que supone llevar a cabo esos proyectos.

Altajo nº 14 – Noviembre

ALTAJO: ORGANO DE EXPRESIÓN DE LA CNT Y LA FAL DE ARANJUEZ; Nº10 – JUNIO 2019

Altajo: Organo de Expresión de la CNT y la FAL de Aranjuez; nº8 – Abril 2019

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