Category Archives: Poesía

Mi libertad está en las suelas de mis zapatos

Katerina Gogu

Traducción del griego y comentario de Yanis Merinakis

Mi libertad está en las suelas

de mis zapatos vagabundos.

Pongo el mundo patas arriba.

Puedo dar un garbeo 

a la hora que me plazca.

P. ej., a la hora en que depositáis vuestras dentaduras

en el vaso de agua antes de dormir

a la hora en que folláis

a la hora en que cumplís vuestras obligaciones

con vuestros hijos

con vuestra asociación

a la hora en que os han metido la idea

de que coméis salsa de huevo con limón

y coméis mierda

Y puedo caminar con mis zapatos vagabundos

sobre vuestros techos

–no como Mary Poppins, aquella

tonta de la escoba, chaval–

no cogéis mi canal

solo quienes tenemos la misma longitud de onda

gentuza cagona en el fondo lo siento

pero ahora no pierdo el tiempo con vosotros

no quiero tener nada que ver con ninguno de vosotros

vuestra libertad

está en las suelas de mis zapatos agujereados

llegará el momento en que los lameréis

y aullaréis llorando «milagro, milagro»

estos zapatos

nunca descansan ni tienen prisa

cuando termine aquí

se los pondrá Pavlos, Mirtó, calzamos el mismo número

no se gastan por muchas tachuelas que arrojéis en el camino

os golpean en mitad de la frente

llegará la hora en que corráis desesperadamente al limpiabotas

«compañeros de camino» y «desertores»

a lustrar los vuestros

pero el color

no agarrará

hagáis lo que hagáis, por mucho que paguéis

ese rojo maldito es nuestro rojo.

La libertad personal depende de uno mismo. Caterina Gogu la identifica líricamente con las suelas de los zapatos, rotas por el uso y los kilómetros de vagabundeo. Siempre están caminando, porque son universales, sirven a todos los que comparten cosmovisión revolucionaria (calzan el mismo número) y eternas: resisten impertérritas losconstantes atentados que pretenden acabar con ella (las tachuelas). Esos zapatos no son solo metáfora del propio albedrío y la iniciativa autónoma, sino también símbolo del combate y la batalla permanentes: pegan en la frente, constantemente, sin pausa.

Representan la herramienta de lucha (probablemente la ideología) que transforma el mundo (lo pone patas arriba). Mientras el resto de personas lleva una vida cotidiana saturada de rutinas y obligaciones (dormir, aparearse, criar, relacionarse, comer), la protagonista obra a su voluntad libre de compromisos. De modo que se denuncia el fraude de la vida convencional, provocado por la estafa de la doctrina dominante del bienestar social (os han metido la idea). 

A partir de ese momento, el poema adquiere una actitud muy combativa, agriada por un tono de amonestación persistente, que empuja al conjunto de la composición hacia el territorio menos sutil del panfleto. Una toma de postura tajante, que no admite matices, establece claramente dos campos: el de la libertad y el del sometimiento de quienes han renunciado a ella. Nuestra protagonista (y quienes, como ella, se han calzado zapatos vagabundos) asume con cierta arrogancia la liberación de los otros (vuestra libertad está en las suelas de mis zapatos). Hasta el punto de permitirse expedir patentes revolucionarias (nuestro rojo). Tan desesperanzada está que no puede soportar más ni seguir sacrificándose.

Ese tono de reproche surge de la urgencia que imponen el paso inexorable del tiempo y la pertinacia de una realidad que se resiste a ser transformada. Ya no está dispuesta a perder el tiempo y rompe cualquier relación con quienes, por cobardía (gentuza cagona), renuncian a su libertad. Ella vive en otra realidad que solo comparten sus compañeras. La mayoría, que no comparte longitud de onda, que no sintoniza el canal, ya no es la destinataria de versos persuasivos, sino de orgullosos reproches sin esperanza. Esos terminarán lamiendo los zapatos que desprecian.

Ya no hay fe en el apostolado. Ni siquiera entre antiguos correligionarios, que fueron en otro tiempo compañeros de camino, a quienes considera desertores. El rojo revolucionario no agarrará en esos zapatos cómodos. Los zapatos rojos están hechos para caminar por sendas incómodas.

Llegará un tiempo en que las cosas cambiarán

Katerina Gogu

Traducción del griego y comentario de Yanis Merinakis


Llegará un tiempo en que las cosas cambiarán.

Recuérdalo, María.

Recuerdas, María, en los recreos

aquel juego en que corríamos llevando el testigo

–no me mires– no llores. Tú eres la esperanza

escucha llegará un tiempo

en que los hijos elegirán a los padres

no saldrán al azar.

No habrá puertas cerradas

conencorvados fuera.

Y el trabajo

lo elegiremos

no seremos caballos a los que miran los dientes.

Una gente –¡piensa!– hablará con colores

otra con notas.

Guarda nada más

en un frasco grande con agua 

palabras y conceptos como estos

inadaptados-represión-soledad-precio-lucro-vejación

para la clase de historia.

Son, María –no quiero mentir–

tiempos difíciles.

Y vendrán más.

No sé –no esperes mucho de mí–

He vivido tanto he aprendido tanto digo tanto

y de cuanto he leído una cosa retengo:

“Lo importante es que sigas siendo una persona”.

¡Cambiaremos la vida!

A pesar de todo eso, María.

Estos versos publicados en 1980 plantean la eterna esperanza del ser humano en un futuro mejor, frente a la constatación de un presente insatisfactorio, fallido y decepcionante. Sin embargo, no se hace una presentación en forma de contraste entre el hoy y el mañana, la realidad y el deseo, la vida y los anhelos, enfrentando la situación actual y la que está por venir, sino que se sitúa en el futuro ya desde el inicio, como afirmación rotunda: las cosas cambiarán.

Por otra parte, el poema adopta la apariencia de exhortación a María, que es en el poema la personificación de la esperanza: otra forma de hacer, otra forma de comunicar (hablar con colores o con notas). De ahí que el modo verbal imperativo secunde al futuro predominante, aportando un tono categórico y conminatorio a la aseveración, casi testimonial, del mundo que vendrá. El tiempo pasado solo se usa en dos ocasiones: para confirmar la esperanza –desesperada– en quien debe recoger el testigo y para ratificar el mensaje principal de que lo importante es ser persona digna.

La narradora ha iniciado una labor que no terminará. Quizá esté pensando en que ha vivido suficiente y en que va a desaparecer (no lloreshe vivido tanto). Pero, aunque no esté en la lucha de mañana, aunque no llegue a la meta, se considera parte de un equipo, se siente partícipe del cambio (cambiaremos). María es una amiga de su generación, con quien jugó. Aun así es su relevo, otro eslabón de la cadena.

Pese al tono optimista y confiado aparente, el propio uso del modo imperativo insinúa que el cambio que se da por hecho es solo una necesidad de esperanza: no está hecho, sino que hay que ejecutarlo, materializarlo, producirlo. 

La mirada aguda de Gogu afirma que, en ese mundo nuevo ineludible y necesario, la marginación, la represión, la soledad, la vejación, el valor pecuniario y el beneficio serán nociones obsoletas: un antídoto contra el olvido (la clase de historia). Y presagia que en el mundo libre no habrá dominantes ni dominadas, ni distingos, ni trabajo esclavo. La libertad impondrá su ley incluso a la naturaleza y revertirá el principio de determinación: los hijos elegirán incluso a sus padres (como desiderátum).

Se trata de alterar el rumbo. Pero la situación presente es difícil. Y el futuro lo será aún más. El único pasaporte que conduce al mundo nuevo es la consciencia de pertenecer al género humano, de ser únicas y compañeras, prójimas próximas. Por todo eso, la reiteración de que la vida cambiará –a modo de conclusión– confirma que primero está la esperanza, pero luego hay que sobrevivir en un mundo en el que el cambio que se espera no llega nunca, con la consiguiente desilusión.

De vez en cuando, estratégicamente dispuestas, aparecen sugerencias inquietantes, que funcionan como segunda voz o voz en off (no llorespiensano esperes mucho de míno me mires), que manifiesta reticencias. Es necesario seguir luchando porque hay fuerza para cambiar, parece decirnos. Pero de nuevo lo expresa bajo la especie de deseo. Como si quisiera convencerse a sí misma de que será así al menos mientras lo dice. Porque en el fondo subyace la desilusión; un optimismo desesperado, trágico.

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