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El árbol del cielo

El árbol del cielo

Silvestre

Pocos árboles tienen la capacidad de recubrir terrenos baldíos, en poco tiempo, como el ailanto. Esta habilidad colonizadora de la especie la hace muy común en el entorno urbano. Sin necesidad de ningún tipo de cuidados, el árbol se desarrolla de manera sorprendente llegando a alcanzar, en muy pocos años, un buen porte. Los brotes, que en algunos casos pueden alcanzar más de dos metros en un año, logran un efecto paisajístico característico de los bosques tropicales. Es un árbol excelente para controlar la erosión, fijar taludes, formación de alineaciones y colonizar zonas donde otros árboles no llegan a vegetar. Debido a su rusticidad es una especie apropiada para los entornos urbanos, tan faltos de superficie arbórea.

El ailanto está catalogado como planta invasora. En el proyecto europeo DAISIE, que ha inventariado un catálogo de más de 12.000 especies exóticas invasoras de flora y fauna, el ailanto está dentro de las  cien primeras. Esto ha repercutido negativamente en el concepto que se tiene de ella. Es un árbol demonizado por muchos sectores de la sociedad: ecologistas, jardineros, vecinales etc. En nuestro municipio está contemplado en el plan director de zonas verdes, la estrategia para el control y erradicación de este género.

No hay árboles buenos ni malos, sólo tenemos que tomar precauciones en las zonas donde los vayamos a plantar porque su rusticidad y las alelopatías que generan (sustancias que producen las plantas que impiden que vivan otras especies que no sean ellas) pueden desplazar a las existentes. Pero si tenemos solares, caminos y espacios donde lo único que crecen son los ailantos, ¿por qué los tenemos que erradicar?

En un principio, las especies naturalizadas en la Península fueron exóticas, y la mayoría de ellas se  integraron en nuestros ecosistemas, conviviendo con las autóctonas. Algunas especies que hoy consideramos invasoras estarán naturalizadas en un futuro próximo porque serán capaces de adaptarse a los nuevos cambios, y el ailanto es una de ellas. En Aranjuez podemos ver este árbol ocupando márgenes (camino de Noblejas), formando alineaciones (calle de Mariano el Artillero), en solares, en sotos donde el bosque está en regresión por la pérdida de la capa freática. En estos lugares la masa arbórea es inexistente o presenta un estado decrépito. ¿Qué sentido tiene eliminar los ailantos de estos sitios? Ninguno.

El concepto que tenemos de las plantas puede cambiar en el  futuro. Plantas como el tomate y la albahaca estaban consideras tóxicas y venenosas. Hoy en día, la hortaliza más consumida en el planeta es el tomate, y la albahaca es un ingrediente fundamental de muchas cocinas del mundo. A lo mejor es lo que puede pasar con el ailanto en un futuro no muy lejano, que deje de ser una especie invasora para convertirse en otra fundamental en nuestros ecosistemas urbanos.

Algunas características del ailanto

El ailanto (Ailanthus altissima), árbol del cielo, zumaque falso, pertenece a la familia de las simarubáceas. El nombre del género le viene de una latinización del malayo aylanto: árbol del cielo, árbol muy elevado por su rápido crecimiento en altura. Originario de China, es frecuente en el centro y sur de la Península y ya estaba naturalizado en el siglo XIX.

Se trata de un árbol que puede alcanzar entre 20 y 25 metros de altura, de porte irregular o aparasolado, de tronco único, aunque retoña muy bien de raíz. Corteza pardo-grisácea, lisa o rugosa, con bandas verticales de color más pardo. Ramas extendidas de color grisáceo y ramillas rojizas. Posee hojas muy grandes, alternas, compuestas, pinnadas, que tienen un olor fétido cuando se estrujan con las manos. Con flores unisexuales masculinas y femeninas en diferente pie de planta, o hermafroditas, de color verdoso y olor desagradable, dispuestas en panículas. El fruto es una sámara (alas membranosas con la semilla en el centro) de color amarillento o pardo rojizo en gran número y dan mucha vistosidad a la planta.

Florece en primavera, y los frutos maduran al final del verano, manteniéndose bastante tiempo sobre el árbol.

Planta muy rústica, se cría en cunetas, calles y paseos como cortavientos para evitar la erosión del suelo. De rápido crecimiento, aguanta todo tipo de climas y prefiere los terrenos ligeros. Planta que echa muchos hijuelos a gran distancia. Apropiada para las ciudades porque es bastante resistente a la polución.

Sostenibilidad

Silvestre

Es frecuente la precariedad de recursos humanos y técnicos en los servicios municipales de parques y jardines de los municipios. La gestión de conservación está privatizada en la mayoría de las ciudades. Los intereses económicos, la falta de medios y la desgana en los responsables políticos y técnicos de los ayuntamientos conllevan un deterioro y abandono de las zonas verdes.

El mantenimiento de estos espacios tiene tanta importancia como la creación de nuevos parques y jardines. No es habitual, en este país, que en los nuevos proyectos se tenga en cuenta la conservación del espacio. Es más normal ver cómo se gastan grandes sumas de dinero en la ejecución  de los nuevos proyectos para que, a los pocos años, presenten un estado lamentable por falta de un adecuado mantenimiento.

Actualmente, la tendencia es diseñar jardines que no requieran excesiva mano de obra y en los que las labores de mantenimiento estén mecanizadas. Las superficies se siembran con cespitosas que requieren gran consumo de agua (desiertos verdes), se adoquinan o se cubren con un geotextil, los árboles están constreñidos en unos alcorques ridículos y los parterres son monocultivos arbustivos. Las rosaledas, setos, borduras y las plantas vivaces y de temporada prácticamente han desaparecido. Los árboles de gran porte no se plantan porque acarrean problemas en el mantenimiento. Hay menos diversidad vegetal, los espacios son más homogéneos. Con segadoras, desbrozadoras y cortasetos se llevan a cabo la mayoría de las labores de conservación.

Esta tendencia de minimizar los trabajos de mantenimiento en las zonas verdes, en muchos casos, se enmascara con el término «sostenibilidad», que va asociado a otra palabra que también está de moda, «resilencia», que es la capacidad que tienen los seres vivos para adaptarse a los cambios. Por una parte, aconsejan la utilización de especies resilientes; por la otra, suprimen cualquier brote de árbol que haya salido de manera espontánea.

Se racanea en el agua, en la superficie de cultivo y en la calidad de la tierra. Los árboles caducifolios, en este clima, tienen pocos recursos para adaptarse a estas nuevas condiciones de escasez de lluvia y altas temperaturas. Podemos ver cómo la falta de riego está secando las arboledas de las calles. Este déficit hídrico se agudiza con la falta de precipitaciones y el aumento de la temperatura. Tenemos un buen ejemplo con las calles que están plantadas de tilos, árboles que presentan serias dificultades para su desarrollo en un clima continental como es el nuestro. Tendríamos que hacer un esfuerzo en su mantenimiento, empezando por el riego (imprescindible la conservación de las caceras) y el no refaldado de sus troncos.

Si se hace una nueva plantación, es obligado hacerla mixta, con especies de mayor desarrollo que protejan a los tilos, y se ha de demandar al Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) un programa de cultivo, en su vivero de Sotopavera, de las especies que se deban plantar. Un jardín es  sostenible cuando lo preservamos para las generaciones futuras. No tenemos que olvidar que la jardinería es el oficio del cuidado de las plantas.

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