Educación: ¿reproducimos desigualdad o creamos algo nuevo?

Luadebaides

«Coeducar significa educar a las niñas y a los niños en igualdad. No debemos confundirlo con la educación mixta, porque ese tipo de educación sencillamente educa a niñas y niños, pero no necesariamente como iguales. Hemos visto cómo la historia, la ciencia, la literatura y todas las disciplinas académicas y culturales han sido explicadas desde un punto de vista exclusivamente androcéntrico, invisibilizando los logros realizados por las mujeres, su pensamiento y sus aportaciones a la humanidad. En la educación mixta se han perpetuado los estereotipos sexistas, el lenguaje no inclusivo, las expectativas desiguales generadas en torno a las niñas y los niños, los roles de género y los materiales educativos mediáticos o culturales que hacían diferenciaciones…» (Marañón, 2018, p. 104). 

Nuestra sociedad tiene una herencia patriarcal que, como si fuera sus cimientos, la sostiene y da fuerza a lo que vino después, ¿cómo no va a haber sectores que vean peligrar sus tradiciones y sus privilegios cuando planteamos construir una nueva sociedad con nuevas formas de relacionarnos? ¿Y quienes sí queremos que nuestras hijas e hijos se desarrollen plenamente, respetando a cada una y a cada uno como persona sin la presión de qué se espera de ella o de él por ser chica o chico? ¿Qué se puede hacer en los colegios? 

En este artículo queremos dar difusión a algunos textos que anteriormente estudiaron la educación y reflexionaron sobre ella con una mirada feminista, es decir, valorando y respetando a todas las personas y tomando conciencia de las desigualdades existentes y de la discriminación hacia las mujeres.

Las expectativas hacia el alumnado

Según María del Carmen Rodríguez Menéndez, las expectativas del profesorado hacia el alumnado están cargadas de estereotipos de género y pueden influir en el comportamiento y en la calidad de las relaciones (2007). Las expectativas (con contenido sexista aunque no seamos conscientes) se manifiestan en prácticas escolares habituales, promueven relaciones no equitativas entre chicas y chicos, e influyen en la construcción de la identidad de cada peque.

Los mensajes que se transmiten en la escuela en torno a lo que se espera de cada alumna o alumno suponen un forma implícita de socializar y educar al alumnado para reproducir unas relaciones desiguales entre las personas, cuando refuerzan la idea de que lo masculino está ligado a fuerza, racionalidad, competitividad, etc., y lo femenino a la emoción, a la debilidad… Estos mensajes sexistas perjudican la convivencia de diferente modo. Principalmente me gustaría reflejar estas dos consecuencias: crea distintos estatus entre las personas y provoca discriminación hacia aquellas que no forman parte de la masculinidad hegemónica.

Enrique J. Díez Gutiérrez señala que la masculinidad hegemónica está asociada a la heterosexualidad y al control del poder por lo hombres, y «se construye siempre en oposición a varias masculinidades subordinadas, forma de relación que se repite en su vinculación con las mujeres». Es esencial comprender el impacto de los mensajes en la socialización de los chicos atendiendo a la acción de la «masculinidad cómplice» que aspira a formar parte de la masculinidad ejemplar y lo desea, por lo cual produce y promociona estereotipos que serán admirados por niños.

Díez Gutiérrez añade: «Cuando no se tiene nada, la masculinidad se vuelve uno de los pocos atributos de los que un chico se puede jactar, construyendo identidades masculinas muchas veces violentas. Lo que parece, por tanto, es que este arquetipo tradicional de masculinidad, lejos de estar en declive, se ve hoy reforzado y sigue inspirando la conducta de los adolescentes y jóvenes, reproduciéndose en los centros educativos, que se constituyen en uno de los sitios principales de formación de masculinidad» (Díez, 2015, p. 81).

Los mensajes sexistas se trasmiten a través de la asignación diferencial de actividades y roles por parte del profesorado. Juega un papel fundamental el uso del cuerpo en la construcción de la masculinidad en las escuelas (no aparentar ninguna desviación de la norma hegemónica heterosexual, jugar bien al fútbol…).

Díez Gutiérrez, citando a su vez a Bourdieu, Ramírez y Lozoya, señala: «Cuando la violencia simbólica falla, aparecen formas de dominación explícitas como el caso de la violencia de género, la forma más visible y salvaje de la dominación masculina, que, al tener el mayor gasto económico para el género masculino, solo ocurre cuando se agota el capital simbólico del hombre. Pero también la violencia está presente en la escuela, y no solo entre los chicos, sino que mientras se use el castigo para educar, los niños aprenderán que es un recurso eficaz para imponer el propio punto de vista, someter la voluntad del otro y corregir la conducta. Si además se les dice que es un gran honor defender heroicamente a su país, al tiempo que se les enseña a ser fuertes y valientes, a no llorar, a negar el miedo y la vulnerabilidad, a buscar emociones fuertes, a afirmar su ego frente al riesgo y a la muerte… la violencia seguirá siendo central en la resolución de conflictos, e ir a la guerra seguirá siendo la manifestación definitiva de la masculinidad (Díez, 2015, p. 85).

Contrarrestar las influencias sexistas

Transformar la escuela como espacio simbólico requiere intervenir desde diferentes puntos, no es suficiente con solo revisar los mensajes orales, o las prácticas deportivas, o las expectativas que se explicitan… Además de desaprender la cultura ligada a la masculinidad tradicional hegemónica, es necesario avanzar en una ética del cuidado compartido, de la educación emocional y contra la violencia de género (Díaz-Aguado y Martín, citadas en Díez, 2015, p.89).

En este sentido, continúa el autor, es necesario introducir los contenidos en el currículo escolar, no como una asignatura de segundo orden, dice, sino como un contenido potente y relevante que sea funcional y significativo en el proceso educativo. Concreta este autor algunas acciones encaminadas a contrarrestar influencias sexistas que proceden del resto de la sociedad: 

a) Deconstruir la historia en el plano cognitivo y analizarla desde la perspectiva de las diferencias de género.  

b) Superar la invisibilidad de las mujeres en los contenidos que se estudian. 

c) Enseñar a detectar y corregir los estereotipos y distorsiones sexistas. 

Para ello propone una revisión del currículo, de los saberes y modelos que se ofrecen al alumnado, poner cuidado en el uso del lenguaje, en el diálogo y en la expresión de los sentimientos, así como rechazar explícitamente las actitudes de menosprecio hacia las chicas (Díez, 2015).

Fuentes:

· Barbijaputa. La fiebre de la goma elástica. Píkara Magazine, consultado en marzo de 2019: https://www.pikaramagazine.com/2018/09/la-fiebre-de-la-goma-elastica/

· Díez Gutiérrez, E.J. 2015. Códigos de masculinidad hegemónica en educación. Revista Iberoamericana de Educación, vol. 68, nº1, pp. 79-98. Consultado en marzo de 2019: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5159873

·Marañón, I. 2018. Educar en el feminismo. Barcelona: Plataforma Editorial.

· Rodríguez Menéndez, María del Carmen, 2007. Identidad masculina y contexto escolar: notas para un debate. Revista de Educación, nº 342, pp. 397-418.

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