En la calle Acominatu

El poema pertenece a la tercera colección que publicó la autora en 1982: El abrigo de madera. Lo componen dos partes bien diferenciadas por su perspectiva. La primera, que  describe el lugar en el que se desarrolla la escena, se extiende hasta Es así (verso 19). A partir de ese verso hasta el final se desarrolla la acción que la poeta viene a denunciar (para lo que se vale de la segunda persona), en la que, además de las protagonistas, también intervienen las vecinas indignadas (en primera persona impersonal).

En los versos iniciales se recurre a la tercera persona buscando una ambientación presuntamente objetiva. Se nos ubica espacial y temporalmente. Estamos en la zona de la plaza de Metaxurguío, en la calle Acominatu, y manda Costas Caramanlís, político conservador que, cuando Gogu escribió este poema, acababa de dejar de ser primer ministro para asumir la presidencia del país. Es decir, estamos en la primera mitad de los ochenta del siglo XX, a finales de julio, son las cuatro de la tarde y hace un calor canicular. Inmediatamente, sin transición, como si de una película se tratase, la cámara cinematográfica barre el espacio enfocando su lente subjetivamente, con regusto impresionista: bragas de todos los colores, paquistaníes, cojas, chivatas, maricas, suciedad.

En ese escenario se nos presenta a las protagonistas, las putas, que aparecen como parte del decorado, deshumanizadas. Soportan los rigores del clima en la intemperie rigurosa del verano (40 grados sin sombra, sin descanso) y ejecutan su oficio sin amor (se aparean, como mejillones), sin feminidad (son trompas y úteros inservibles, vientres hinchados de semen, incapaces, pues, para la maternidad), sin franqueza, fingiendo (con pelucas que disimulen). Son mujeres permanentemente enfermas, tullidas (leucorrea), maltratadas (pezones amoratados), traicionadas por vendedores y salvadores,  perseguidas por ciudadanos y policías. En suma, viven excluidas entre plásticos grasientos, suciedad, antisépticos y jeringuillas.

Un sol cegador estrangula el blanco de la leucorrea y de los cuerpos sobre los que destaca el morado de los hematomas e impone un tono general sepia. No hay coloración. Incluso se afirma expresa y tajantemente la ausencia de verde (de vida). Solo la lencería pone una fugaz nota de color.

Por si las circunstancias ambientales no les fuesen suficientemente hostiles, se hallan  indefensas, públicamente expuestas al escrutinio y al control de los ciudadanos indignados y de sus propios clientes, y a la violencia de los desalojos, de la policía y de los médicos de la brigada social. Comparten el estigma de las brujas.

Y sin embargo son mujeres cotidianas, como las demás, que se traen la comida preparada en casa, compran a plazos y hacen sus labores. Solo encuentran el apoyo y la solidaridad de las mujeres. No obstante, Gogu presenta en estos versos, valiéndose de la prostitución, la situación de la mujer real en la sociedad patriarcal (el aquí, donde se quema a las brujas y se jode a las putas) desde una perspectiva androcéntrica de la sexualidad femenina.

El lenguaje, como acostumbra la autora, es coloquial y usa con frecuencia términos de argot.

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