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25 de mayo

Katerina Gogu

Traducción del griego y comentario de Yanis Marinakis.

Una mañana abriré la puerta

y saldré a las calles

como ayer.

Y no pensaré sino 

en un fragmento de mi padre

y en un fragmento de mar –los que me han dejado–

y en la ciudad. La ciudad que han podrido.

Y en nuestros amigos que se han desvanecido.

Una mañana abriré la puerta

enfilada al fuego

y entraré como ayer

gritando «¡fascistas!»

levantando barricadas y tirando piedras

con una bandera roja

en lo alto brillando al sol.

Abriré la puerta

y no es… que tenga miedo

pero mira, quiero decirte que no llegué a tiempo

y que tú tienes que aprender

a no bajar a la calle

sin armas, como yo

–porque yo no llegué a tiempo–

porque entonces te desvanecerás como yo

«así», «vagamente»

rota en pedazos

de mar, infancia 

y banderas rojas.

Una mañana

abriré la puerta

y me desvaneceré

con el sueño de la revolución

en la inmensa soledad

de las calles que arderán

en la inmensa soledad

de las barricadas de papel

con el estigma –¡no les creas!–

de agitadora.

El título del poema señala una fecha concreta, la de un día cualquiera, la de una acción cotidiana que adquiere dimensiones heroicas: abrir la puerta y salir a las calles. Esa iniciativa es el eje que vertebra la composición en cuatro partes. La poeta sale pensando en los residuos de aquello que le han dejado, reivindicándolos, añorándolos (pedazos de padre, de mar, los amigos) o denunciándolos (una ciudad podrida). Sale a calles de fuego en las que se inmola en batallas callejeras contra los fascistas blandiendo la bandera roja del comunismo. Pero no llega a tiempo y por eso sugiere a su interlocutor –el lector– que aprenda y salga armado. Luego se desvanece con su sueño revolucionario y termina sola. Ahora participa en batallas urbanas y construye barricadas de papel (poemas), por lo que es acusada de agitadora.

Estamos ante la evocación de los años de lucha en las calles bajo el estandarte comunista. Cuando se publica Tres click a la izquierda (la colección a la que pertenece este poema, la primera que editó), la autora (tenía ya 38 años) revisaba retrospectivamente su juventud. Y ve los restos de un naufragio: infancia (representada en el quinto verso por el padre), mar e ideología (la bandera roja), los tres elementos residuales, que han configurado su identidad, tras la decepción por el desvanecimiento de la ilusión comunista.

En ese proceso va perdiendo a los amigos, desgastados por el combate. Hasta que su propia identidad se disipa cuando la ilusión de la revolución se desvanece. El anhelo revolucionario, la lucha por la transformación, es un camino que conduce a la soledad absoluta. La maquinaria represiva utiliza recursos ancestrales, reflejos, pero implacables: primero aísla y, cuando la víctima está desconectada, la acusa, la señala y la etiqueta: es una agitadora.

Y no hay que desdeñar otras sugerencias que ocupan poco espacio en el poema, pero que son igualmente potentes. Una es la apuesta por la lucha armada. La segunda tiene que ver con su biografía; pero, a la vuelta de los años, se presenta como realidad incontestable: el proyecto comunista nunca ha existido, fue un sueño y, como tal, se ha esfumado.

Caterina Gogu cuenta en verso la historia de su propio desencanto vital y de la transformación de esa decepción en poesía de combate.

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